
1. El chocolate da fuerza
La manteca de cacao es sólida a temperatura ambiente, pero se derrite a 35ºC, un par de grados por debajo de la temperatura del cuerpo humano. El chocolate contiene mucho azúcar. Sus moléculas contienen gran cantidad de energía, que nuestra biología sabe utilizar. Además, una pastilla de chocolate ofrece el 10% de la cantidad recomendada de ingestión diaria de hierro.
Hace más de 2.000 años, el pueblo olmeca, que vivía en una región del actual México, aprendió a elaborar una bebida que alteraba la mente a partir de las bayas de una planta: el cacao. Los aztecas, que vivieran cerca pero siglos más tarde, asociaban esa bebida, el chocolate, con su diosa de la fertilidad. Se dice que el emperador azteca Moctezuma II bebía nada menos que 50 tazas de chocolate al día en un intento de mantener su vigor sexual.


Pues eso, que el chollo se acaba señores. Una nueva droga legal podría desaparecer de nuestro entorno en sólo 20 años. El chocolate. El sustituto del amor. El placer pecaminoso. El llamado prozac vegetal.
En la naturaleza, al menos estéticamente, se ha encontrado chucherías. Es el caso de las Colinas de Chocolate (Chocolate Hills). Desde lejos, estas insólitas formaciones geológicas de Bohol, Filipinas, parecen conformar una enorme caja bombones de chocolate belga, aunque al paladar seguro que no saben como tal.
Muchos consideran el chocolate un sustituto del amor por sus propiedades afrodisíacas. Sin embargo, como en muchas creencias populares relacionadas con los alimentos, hay mucho que puntualizar.
Según los investigadores del Hospital Universitario de Colonia, en Alemania, el consumo de unas 30 calorías de chocolate cada día produce efectos positivos en la presión arterial.
Un reciente estudio señala que la excitación que produce el chocolate derretido en la lengua es mayor que la de un beso apasionado.