Los aficionados a la cerveza ya tienen otra excusa más para empinar el codo: quiero resolver un problema que precisa de toda mi creatividad.
Desde la antigüedad, la cerveza ha constituido un elemento básico de la dieta, llamándose a menudo “pan líquido”. En el antiguo Egipto los trabajadores recibían cerveza como parte de su salario, así como las damas de honor de la reina Isabel I de Inglaterra. En 1492, era la ración oficial de los marineros de la armada de Enrique VII. Además, no hay pruebas de que la ingesta de cerveza genere la popular “barriga cervecera”, a pesar del difundido mito de que el consumo de cerveza produce distensión abdominal.
Por si esto fuera poco, ahora unos investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago sugieren que el consumo de cerveza también incrementa algunas parcelas de nuestra inteligencia. Aunque solo sea por una corto espacio de tiempo.


¡Ahh!, días de calor, y una cerveza muy fría en tus labios. Y entonces empiezas a hacerte preguntas. Algunas ya las hemos respondido por aquí, como
Clephane era un médico de la flota inglesa que realizó una prueba clínica en plena Guerra de los Siete Años, de 1756-1763. Tres barcos fueron partieron de Inglaterra a América:
A más de uno, sobre todo si tiene ascendencia irlandesa, le gustaría saber si podría basar su dieta exclusivamente en la cerveza. ¿Una persona podría sobrevivir sin alimentarse de nada más?
No tengáis miedo, no ha aparecido en los medios algún estudio que sugiere que la cerveza es el mal personificado. Podéis seguir bebiéndola (con moderación). Lo que vais a poder ver son algunas marcas de cerveza bajo el microscopio, para descubrir que, no sólo sus sabores son diferentes, sino que ofrecen estampas muy distintas entre sí.
Según un estudio publicado recientemente en internet por Nature Chemical Biology, científicos estadounidenses han modificado genéticamente la levadura de cerveza para que adopte un color verde fluorescente cuando el aire de alrededor esté cargado de partículas de explosivos.