Siguen produciendo efectos colaterales tras el desastre nuclear en Fukushima. Ayer, Japón prohibió distribuir carne vacuna de la provincia de Fukushima tras confirmarse que más de 600 vacas fueron alimentadas con pienso radiactivo, entre una creciente inquietud por el alcance de la contaminación alimentaria en la zona golpeada por la crisis nuclear.
En una granja de la localidad de Motomiya, a 57 kilómetros al noroeste de la maltrecha planta, se detectó un nivel de 690.000 becquereles de cesio por kilo de forraje, 1.380 veces el límite permitido por el Gobierno nipón y el nivel más alto hallado hasta el momento. Pero también se han encontrado altas cantidades de materiales radiactivos en pasto de la ciudad de Kitakata, situada a más de 100 kilómetros de la central.
El Ministerio nipón de Sanidad, en un mensaje de calma, ha señalado que comer varias veces carne con niveles de cesio radiactivo superior al límite fijado por el Gobierno no afectaría seriamente a la salud.
Vía | EFE

Imagen típica de los dibujos animados: el villano tiene un panza tan abultada que las balas rebotan. ¿Hasta qué punto este recurso cartoonesco es inverosímil? ¿Podría existir una persona tan obesa que pudiera sobrevivir a los disparos de una pistola, es decir, deteniendo el proyectil antes de que llegue a los órganos vitales?
Después de estos días de alimentación masivo-festiva, hoy hablaremos un poco de alimentación. El futuro de la alimentación no será ese futuro aséptico de pastillas nutritivas (al menos el futuro próximo) sino el de la sofisticación de los alimentos que hoy en día consumimos, haciéndolos más ricos, más vitaminados, más sabrosos y más sanos.
Unos días atrás os planteábamos una disyuntiva,