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		<title>Magazine - carl-sagan</title>
		<link>http://www.xatakaciencia.com</link>
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Xatakaciencia es un weblog colectivo dedicado a la divulgación científica, la ecología y el cambio climático		</description>
		<pubDate>2012-02-14 05:54:19</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Cuándo descubrí que la ciencia era tan importante?]]></title>
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      <pubDate>Tue, 27 Dec 2011 10:56:10 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image10732" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/12/20080625193218-el-pensador-auguste-rodin.jpg" class="centro" alt="20080625193218-el-pensador-auguste-rodin.jpg" />No recuerdo la fecha concreta de mi descubrimiento sobre la importancia de la ciencia. <strong>Supongo que fue un descubrimiento gradual</strong>, sobre todo a raíz de aquellos debates que veía de pequeño en la televisión: cuando hablaba el científico invitado (generalmente en un debate de pseudociencias, y generalmente <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Toharia">Manuel Toharia</a> o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gonzalo_Puente_Ojea">Gonzalo Puente Ojea</a>), sentía que sus argumentos parecían más razonables y sólidos, a pesar de que siempre se presentaban con la indicación de que no podíamos afirmar nada sin pruebas.</p>

	<p>También imagino que influyó la serie de divulgación para televisión <em>Cosmos</em>, de<strong> Carl Sagan</strong>. Y, sin duda, su libro <em>El mundo y sus demonios</em>.</p>

	<p>Mi trayectoria académica, hasta los 17 años, era esencialmente &#8220;de letras&#8221;, como suele decirse. Y, aunque en casa siempre había leído revistas como <em>Muy Interesante</em>, consideraba la ciencia más bien como algo anecdótico. Pero, a partir de entonces, mi cerebro hizo <em>clic</em>: ya no se trataba de acumular conocimientos sino de empezar a contemplar lo que me rodeaba desde otra perspectiva. <strong>Como si llevara gafas de sol</strong>. Mejor dicho: como si me las hubiera quitado para ver más claro. </p>

	<p>Los restos de magia, misticismo y sofistería que aún pudieran sobrevivir en mí cabeza fueron sustituidos entonces por una subrayada objetivación, una desmitificación encomillada y una desvaloralización marcada con fluorescente amarillo. Y todo ello sazonado por la duda y la incertidumbre, el convencimiento de que en realidad era un ignorante, <strong>que sólo disponía de diferentes grados de certeza sobre las cosas pero nunca la verdad o la falsedad sobre algo</strong>... aunque, irónicamente, podía aproximarme más a la verdad, si me lo proponía, que cualquier otro pensador que hubiera nacido antes que yo, creando mi propio <strong><a href="http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/el-undecimo-mandamiento-i">undécimo Mandamiento</a></strong>.<br />
<!--more--></p>

	<p>Ver más claro también te permite entender aquello que, a priori, la Naturaleza no considera necesario que entendamos. Nuestro cerebro está calibrado para evaluar si un animal acecha entre la maleza o si nuestro alimento se encuentra en mal estado, sin embargo <strong>resulta poco apropiado para comprender las conclusiones que plantea la mecánica cuántica</strong>. Nuestro cerebro vive aún en la edad de piedra. Así pues, alguien podría afirmar: si hemos sido construidos para experimentar el dolor que nos provoca tocar el fuego y no para reparar en que la materia sólida que nos rodea está compuesta casi enteramente por espacio vacío, si hemos sido construidos para advertir cuando amanece y no para contemplar el tamaño y la temperatura del Sol, <strong>¿será necesario saberlo?</strong> </p>

	<p>Si creemos que no, caemos en el error de que la Naturaleza es sabia. Entonces, ¡viva el cáncer! ¡Viva la elevada mortalidad infantil! ¡Vivan las catástrofes naturales! Pensar de esta manera es como afirmar que no es necesario volar, crear vacunas, aprender a leer o descubrir cómo funciona la electricidad porque no hemos sido construidos con alas, con inmunidad total a las enfermedades, con los libros en la cabeza o con un enchufe en la nariz. <strong>El progreso de la humanidad se ha producido gracias a nuestros cinco sentidos</strong>, pero esos sentidos han sido perfilados mediante la herramienta más objetiva e infalible que jamás haya conocido el ser humano. </p>

	<p><img class="centro" id="image10731" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/12/ignorancia.jpg" class="centro" alt="ignorancia.jpg" />Los cambios que provoca la evolución en nosotros (disminución del pelo, posición bípeda, mayor capacidad cerebral) <strong>son demasiado lentos para mantenerse en la frenética rueda de la Historia</strong>. Los descubrimientos nos abruman, es más difícil adaptarse al descubrimiento contraintuitivo de que en un vaso de agua hay millones de moléculas que al gradual cambio climático del planeta. Si mencionar que la Naturaleza nos transforma a su conveniencia (básicamente por motivos de viabilidad reproductiva) y la ciencia, por el contrario, nos permite ver, oír, sentir, paladear, oler y vivir todo lo que nosotros pretendamos, independientemente de que nuestro objetivo sea tener descendencia.</p>

	<p>El servicio que nos brinda la ciencia es, aparte de su utilidad intrínseca, ayudarnos a comprender por qué hemos despertado y dónde lo hemos hecho; antes de que durmamos para siempre.</p>

	<p>Entiendo que la mayoría la considere fría y árida, carente de romanticismo y poesía; desolada, arrogante, nihilista. <strong>Y lo entiendo porque es justo lo que parece la ciencia hasta que se tiene un conocimiento profundo sobre ella</strong>. Basta entonces echar un vistazo a nuestro alrededor para comprobar que hasta los medios de comunicación o las películas ofrecen reflejos continuos de ese temor/imcomprensión.</p>

	<p>La mayoría de gente recuerda su infancia con nostalgia, añoran la candidez de aquellos primeros años de vida, la ausencia de problemas; pero, ante todo, sienten un gran vacío, dejado por la magia, los compañeros imaginarios, los Reyes Magos, el osito de peluche que les acompañaba por las noches. La gente no desea sustituir esa pérdida porque no sabe con qué sustituirla. Sin embargo, <strong>la ciencia también borraba al fin esa morriña del País de Nunca Jamás</strong>. Si la gente se educara científicamente, es probable que descubriera la curiosidad, la fascinación y la magia perdida, pero en un sentido más amplio y adulto. </p>

	<p>Parafraseando a <strong>Richard Dawkins</strong> en su indispensable <em>Destejiendo el arco iris</em>, la gente descubriría que es mucho más gratificante vivir en un mundo donde no existen los ogros ni las brujas, ni los monstruos de armario; dónde el trapo que guarda tu osito de peluche en las entrañas ha sido sustituido por un cerebro que piensa; donde existen millones de planetas y galaxias; donde los regalos que recibes proceden de alguien que te quiere (o quiere cumplir con los mandatos del convencionalismo social) <strong>y no de unos seres fantásticos que jamás has visto y que se olvidan de ti cuando realmente tienes un problema o cuando tu padre agoniza por una enfermedad incurable</strong>; donde eres capaz de ver los hilos que te manipulan y cortarlos con unas tijeras de verdad y no con unas de juguete; donde existe la incertidumbre y la duda y puedes investigarla, experimentar la satisfactoria sensación de la búsqueda; donde los fenómenos naturales nos revelan aspectos más sorprendentes que cualquier fértil imaginación pueda concebir; dónde existe la posibilidad de comprender qué sentido tiene nacer; donde puedes aguardar ilusionado algún descubrimiento trascendental para el devenir de la humanidad, como si todo está determinado, si existe vida extraterrestre, si podría haber un número entero no descubierto entre el seis y el siete,  si se alcanzará la temperatura teórica más baja (-273,15 grados), si se conseguirá la inmortalidad, si se logrará predecir el futuro o si se diseñará un sistema de votación completamente justo y racional. </p>

	<p>Un mundo, en definitiva, donde nuestro cerebro, anclado en la Edad de Piedra, sea capaz de viajar hacia el futuro a la velocidad de la luz. </p>

	<p>Recuerdo el <em>clic</em> o la sucesión de <em>clics</em> que me llevaron a descubrir la importancia de la ciencia, allá en mi adolescencia. Fue como si, en una conversación, tu interlocutor te indicara algún sonido concreto en la barahunda que te rodea en una cafetería, por ejemplo el ruido de las sillas al arrastrarse contra el suelo. Entonces prestas atención y te das cuenta de que cientos de esos ruidos ocurren cada minuto fundiéndose con el resto de sonidos, pasando inadvertidos para ti;<strong> y te sobrecoge la sensación de captar aspectos de la realidad que antes habías ignorado</strong>. </p>

	<p>Entonces puedes decidir volver a seguir charlando con tu interlocutor y, definitiva o momentáneamente, dejar de atender a esos ruidos que nadie capta. Pero puedes decir no hacerlo, definitiva o momentáneamente. <strong>Sin ciencia, no habría posibilidad de elección</strong>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La experiencia de mirar las estrellas]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/astronomia/la-experiencia-de-mirar-las-estrellas</link>
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      <pubDate>Mon, 28 Nov 2011 14:06:38 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/11/what-is-a-constellationwideplayer.jpg" alt="" />Yo también fui uno de esos niños que se compró un telescopio para mirar los planetas y las estrellas. Que soñaba con el espacio exterior y con los ovnis. Que incluso fantaseaba con la idea de que algún día vendrían de un lejano mundo para proponerme alistarme en un flota espacial, tal y como ocurría en la película <a href="http://www.imdb.com/title/tt0087597/">El último Stafighter</a>. </p>

	<p>Con el transcurrir de los años, no obstante, acepté que eso nunca iba a pasar, que no existían flotas estelares extraterrestres. Y que acaso era más probable ir al espacio si yo era una mosca o cualquier otro animal y no un niño, pues luego descubrí que <strong>los primeros animales en viajar fuera de la Tierra (el espacio exterior comienza a una altitud de 100 kilómetros) fueron las moscas</strong>. Concretamente una mosca de la fruta, que fue introducida en un cohete americano V2 y convertida en diminuto astronauta en julio de 1946. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Los humanos y las moscas somos más parecidos de lo que pensamos, y compartimos tantos genes que tres cuartas partes de las enfermedades humanas tienen su equivalente en el código genético de las moscas de la fruta. Pero las similitudes no me servían. Tampoco con el resto de animales que se convirtieron en astronautas más tarde, como los chimpancés, las ranas, las ratas, los gatos, las avispas, los escarabajos, las arañas, los peces momia, los gusanos nematodos o los tritones. <strong>Hasta una tortuga llamada Horsefield</strong>, enviada por los rusos en 1968, fue el primer ser vivo que orbitó alrededor de la Luna. Sin duda fue una tortuga más veloz que la de la fábula de la tortuga y la liebre.   </p>

	<p>También asumí que los ovnis en realidad sólo eran fenómenos perfectamente naturales que yo no conocía pero que estaban ya descritos en multitud de libros. Aún así, <strong>empecé a disfrutar de otra forma del cielo nocturno</strong>, de una forma quizá cualitativamente mejor, más apasionante, más profunda. Creo que <strong>Natalie Angier</strong> lo describe mucho más elocuentemente que yo en <em>El canon</em>:</p>

<blockquote>De los siete pecados capitales, tal vez sea el orgullo el que disponga del menú más variado de antídotos. ¿Necesitamos una rápida infusión de humildad? Basta con que subamos a un promontorio panorámico de nuestra cordillera favorita y echemos un vistazo sobre el vasto acordeón de cachemira del paisaje terrestre, los pliegues que se hinchan y deshinchan silenciosamente hacia el lejano horizonte, sin dignarse siquiera a despreciarnos. O bien, intentémoslo con el cuenco estrellado del cielo del desierto y tengamos en cuenta que, por numerosísimo que nos parezca el proscenio que tenemos sobre nuestras cabezas, estamos contemplando a simple vista sólo unas 2.500 estrellas, de los 300.000 millones que pueblan nuestra Vía Láctea, y que tal vez existen otros 100.000 millones de galaxias en el Universo, más allá de nuestra vista. </blockquote>

	<p>Como dice <strong>Carl Sagan</strong> en <em>Cosmos</em>, un puñado de arena contiene unos 10.000 granos, que ya es un número superior al de estrellas que podéis ver a simple vista en una noche despejada, pero en número total de estrellas no sólo supera a los granos de ese puñado de arena, <strong>sino al todos los granos de arena de todas las playas de nuestro mundo</strong>. </p>

	<p>Eso en cuanto a estrellas, en cuanto a galaxias, a simple vista, sólo podréis atisbar cuatro, aunque simultáneamente sólo podréis contemplar dos (dos desde cada hemisferio). En el <strong>hemisferio norte</strong> podréis ver (si la contaminación os lo permite) la Vía Láctea y Andrómeda (M31) y en el <strong>hemisferio sur</strong> son visibles la Gran Nube de Magallanes y la Pequeña Nube de Magallanes. </p>

	<p>Aunque es difícil de demostrar, algunos con mejor vista y una tasa de contaminación atmosférica menor, aseguran haber localizado también la M33 en el Triángulo, la M81 en la Osa Mayor y la M83 en Hidra. </p>

	<p>Lo mismo sucede con <strong>el número de estrellas que podemos contar a simple vista</strong>. Según la persona y la zona, varían enormemente. En la página web <strong><a href="www.starregistry.ca">StarRegistry</a></strong> existe <strong>la posibilidad de bautizar a una estrella con vuestro nombre o el que vosotros elijáis por sólo 112 dólares canadienses</strong> (o 190 si añadimos un certificado enmarcado para dar envidia a nuestras visitas). Sin embargo, las estrellas visibles que ofrecen (2.873) no están disponibles, pues ya están todas bautizadas con nombres históricos o científicos.</p>

	<p>Las estrellas no sólo titilan, inspiran sonetos o son la excusa perfecta para tumbarse a mirar el cielo durante la noche, también constituyen nuestra esencia, como bien describe el divulgador científico <strong>Eduardo Punset</strong> en su libro<em> Por qué somos como somos</em>:</p>

<blockquote>El oxígeno que respiramos, el calcio de nuestros huesos, el hierro de nuestra sangre y el carbono de nuestras células se forjaron hace miles de millones de años en el interior de las estrellas. Por eso para entender nuestro origen debemos entender primero el de las estrellas.</blockquote>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Symphony of Science: Carl Sagan cantando, Richard Feynman tocando los timbales y la ciencia hecha música]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/otros/symphony-of-science-carl-sagan-cantando-richard-feynman-tocando-los-timbales-y-la-ciencia-hecha-musica</link>
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      <pubDate>Fri, 28 Oct 2011 20:34:29 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><iframe class="centro" width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/N7eCZ6iTDxI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p><strong>John D. Boswell</strong> ha llevado a cabo un heterodoxo proyecto musical que mezcla ciencia y música electrónica. Para ello ha sintetizado las voces de importantes científicos y pensadores y las ha mezclado con música, creando así auténticos himnos de la ciencia. Al menos con mucho más sentido que los himnos de <strong>Daddy Yankee</strong> y su <a href="http://www.youtube.com/watch?v=RwtNfVHuDhI&feature=related">Gasolina</a> (por escoger un ejemplo al perfecto azar).</p>

	<p>Por el momento, <strong>Symphony of Science</strong> consta ya de <a href="http://symphonyofscience.com/videos.html">11 temas</a> muy disfrutables con sus correspondientes videoclips. Uno de mis favoritos es <a href="http://www.youtube.com/watch?v=N7eCZ6iTDxI">We Are All Connected</a> (subtítulos incluidos), donde podréis ver a Carl Sagan entonando desde Cosmos y a Richard Feynman tocando los timbales. También <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qfHQ06gomr4">The Poetry of Reality</a>, donde canta <strong>Richard Dawkins</strong>.</p>

	<p>Gracias a <a href="http://www.xatakaciencia.com/usuario/cheno">H3NO</a>, uno de nuestros lectores más activos, por pasarnos esta pista.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://symphonyofscience.com/">Symphony of Science</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Una visión científica sobre el aborto (y IV)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/una-vision-cientifica-sobre-el-aborto-y-iv</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/biologia/una-vision-cientifica-sobre-el-aborto-y-iv</guid>
      <pubDate>Tue, 26 May 2009 17:30:02 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/untitled5.jpg" alt="" />Según la biología moderna, lo que llamamos “persona” emerge poco a poco de un cerebro que se desarrolla gradualmente. El cerebro empieza a funcionar en el feto, <strong>pero sigue conectándose hasta bien entrada la infancia e incluso la adolescencia</strong>. Las fronteras, pues, cada vez son más difusas. Y este problema también se produce en los instantes finales de la vida de una persona, pues la <strong>muerte no es otra cosa que un fallo gradual e irregular de diversas partes del cerebro y el cuerpo</strong>.</p>

	<p>Entre la vida y la muerte hay muchos grados y tipos de existencia, algo que se agudizará a medida que avance la tecnología médica. </p>

	<p>De nuevo <strong>Steven Pinker</strong>:</p>

<blockquote><p>Esto no significa que no existe ninguna política defendible y que haya que dejarlo todo en manos del gusto personal, el poder político o el dogma religioso. Como señala el bioético Ronald Green, significa sencillamente que tenemos que reconceptualizar el problema: de encontrar una línea divisoria en la naturaleza a decidir una línea divisoria que mejor equilibre lo bueno y lo malo de cada dilema político. En cada caso debemos tomar decisiones que se puedan llevar a la práctica, que consigan el máximo grado posible de felicidad y que reduzcan al mínimo el sufrimiento actual y futuro. Muchas de nuestras políticas actuales ya son compromisos de este tipo: se permite la investigación con animales, aunque se regula; a un feto muy desarrollado no se le reconoce un estatus legal completo como persona, pero no se puede abortar a menos que sea necesario para proteger la vida o la salud de la madre. Green observa que el cambio de buscar a decidir esas líneas divisorias constituye una revolución conceptual de dimensiones copernicanas.</p></blockquote>

	<p><!--more--></p>

	<p>Para rematar esta idea, permitidme que os copie otro fragmento de <strong>Richard Dawkins</strong> y su libro <strong>El espejismo de Dios</strong>:</p>

<blockquote><p>¿Sufre un embrión? (presumiblemente no si es abortado antes de que posea un sistema nervioso; y si hasta posee un sistema nervioso, con toda seguridad sufrirá menos que, digamos, una vaca adulta en un matadero). ¿Sufre una mujer embarazad; o su familia, si ella no tiene un aborto? Muy probablemente sí; y, en cualquier caso, debido a que el embrión carece de un sistema nervioso, ¿no debería el bien desarrollado sistema nervioso de la madre tener derecho a decidir?</p></blockquote>

	<p>En este mismo libro, Dawkins reproduce la siguiente hipotética conversación entre dos doctores, que se ha difundido ampliamente por Internet:</p>

<blockquote><p>Sobre la terminación del embarazo, quiero tu opinión. El padre era sifilítico, la madre tuberculosa. De los cuatro niños nacidos, el primero era ciego, el segundo murió, el tercero era sordomudo, el cuarto también era turberculoso. ¿Qué hubieras hecho tú?” “Yo hubiera terminado el embarazo”. “Entonces, hubieras asesinado a Beethoven.</p></blockquote>

	<p>Un argumento que es fácil de poner en cuestión: porque <strong>el mundo no es más probable de ser privado de un Beethoven por el aborto que por la casta abstinencia del coito</strong>. ¿Deberán las mujeres dejarse violar por si acaso de esta forma nacerá un genio musical? Igualmente, ¿por qué no usar el ejemplo del aborto de Hitler? </p>

	<p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/atomo.jpg" alt="" />Por último, me gustaría usar la ciencia para bajar a las capas más pequeñas del ser humano, que quizá indirectamente abran la mente en el asunto del aborto, la viabilidad de los embriones, el sufrimiento o la artificialidad que implica el influir en todo ello. </p>

	<p>¿Qué es lo que da su identidad a una persona individual? ¿Son los átomos que componen su cuerpo? ¿Depende su identidad de la particular elección de electrones, protones y otras partículas que componen esos átomos? En una persona viva existe una continua renovación del material que compone su cuerpo. Esto <strong>se aplica también a las células del cerebro de una persona</strong>. </p>

	<p>Si se intercambiara un electrón en el cerebro de una persona con un electrón de un ladrillo, entonces el estado del sistema sería exactamente el mismo estado que antes. Lo que distingue a la persona de un ladrillo es la <em>pauta</em> con que están dispuestos sus constituyentes y no la individualidad de los propios constituyentes. </p>

	<p>Y para rematar este extenso artículo que sólo aspira a remover las ideas preconcebidas acerca del espinoso asunto del aborto y fomentar un debate profundo, nada como las sabias palabras de <strong>Carl Sagan</strong> en su libro más famoso, <strong>Cosmos</strong>:</p>

<blockquote><p>Yo soy un conjunto de agua, de calcio y de moléculas orgánicas llamado Carl Sagan. Tú eres un conjunto de moléculas casi idénticas, con una etiqueta colectiva diferente. Pero ¿eso es todo? ¿No hay nada más aparte de las moléculas? Hay quien encuentra esta idea algo degradante para la dignidad humana. Para mí es sublime que nuestro universo permita la evolución de maquinarias moleculares tan intrincadas y sutiles como nosotros.</p></blockquote>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Una visión científica sobre el aborto (II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/una-vision-cientifica-sobre-el-aborto-ii</link>
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      <pubDate>Tue, 26 May 2009 17:07:55 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/ovulo.jpg" alt="" />La ciencia trasciende nuestra mirada bizca y nos muestra un poco mejor qué se esconde detrás de los espejismos de la realidad. Como un telescopio. Como un microscopio. Como unas lentes bien graduadas. <strong>Como unos rayos X que no se quedan en la superficie de las cosas</strong>. </p>

	<p>Por esa razón es inconcebible que una persona sostenga una opinión cualquiera sobre el aborto sin previamente haberse armado esta opinión bajo un riguroso prisma científico. Dejando atrás lo que creía saber. </p>

	<p>Y entonces, una vez tengamos a mano todo lo que sabemos científicamente sobre el aborto, deberíamos abordar realmente el asunto de las fronteras. ¿16 semanas? ¿El instante de la concepción? ¿Una vez nacido? ¿Después de unos meses de haber nacido pero antes de que el sistema nervioso se haya acabado de formar? </p>

	<p>La frontera, desde un punto de vista científico, es imposible de establecer. Pero sí se pueden descartar algunas ideas preconcebidas, o al menos se pueden discutir más fluidamente. </p>

	<p>Lo expresa así <strong>Daniel Dennett</strong> en su libro <strong>La peligrosa idea de Darwin</strong>:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote><p>Yo no sugiero que el pensamiento darwiniano responda a todas estas cuestiones; sugiero que el pensamiento darwiniano nos ayuda a comprender por qué la tradicional esperanza de resolver estos problemas (algo así como encontrar un algoritmo moral) no tiene futuro. Debemos abandonar los mitos que hacen que estas obsoletas soluciones parezcan inevitables. En otras palabras, necesitamos madurar.</p></blockquote>

	<p>Por ejemplo, vayamos a una idea concreta muy difundida en nuestra sociedad. Que un ser humano merece tal calificativo justo en el instante después de la concepción, pues si dejamos que el tiempo transcurra naturalmente, sin interceder, entonces <strong>ese conglomerado de células se acabará convirtiendo en una persona como nosotros</strong>. </p>

	<p>Esta idea es tan elemental a nivel biológico que entraña muchos problemas:</p>

   1) ¿Desde cuando es mejor, per se, permitir que la naturaleza actúe libremente, a su aire, sin interceder? Desde la ciencia ya ha quedado establecido que natural no siempre es sinónimo de beneficioso para el ser humano. Lo antinatural muchas veces nos ha servido mejor para salir adelante.

   2) ¿Por qué, entonces, no dejar actuar libremente a la naturaleza decidiendo no tomar medidas anticonceptivas bajo ningún caso? Más aún: no refrenando nuestro deseo de mantener relaciones sexuales, algo completamente natural. Aquí entra el escena el concepto de viabilidad del embrión o del <strong>derecho a la vida</strong>, esgrimido muchas veces por los atacantes del aborto. <strong>Carl Sagan</strong> en su libro <strong>Los dragones del Edén</strong> dice lo siguiente:

<blockquote><p>En el otro extremo están los que defienden la idea del “derecho a la vida”, la aserción de que la muerte de un simple cigoto, de un óvulo fertilizado antes de la primera etapa embrionaria, equivale a un asesinato, por cuanto el cigoto lleva en sí la capacidad de dar vida a un ser humano. Soy perfectamente consciente de que en un tema en el que concurren sentimientos tan apasionados toda solución que se proponga no satisfará a ninguna de las dos partes, y en ocasiones el corazón y la mente nos llevan a diferentes conclusiones. (…) la frase “derecho a la vida” constituye un ejemplo claro de expresión altisonante concebida para impresionar más que para aclarar las cosas. (…) Debo decir, también, que el argumento de la capacidad del cigoto para dar vida a un ser humano me parece sumamente endeble. En circunstancias propias cualquier óvulo o esperma tiene este mismo potencial. Con todo, ni la masturbación ni las poluciones nocturnas del varón suelen conceptuarse como actos antinaturales merecedores de una condena por asesinato. (…) Por si esto fuera poco, es posible que en un futuro no muy lejano podamos dar vida a un ser humano a partir de una simple célula tomada prácticamente de cualquier parte del cuerpo del donante. Si ello es así, cualquier célula del organismo debidamente preservada hasta el momento en que la gestación extracorpórea se lleva a la práctica con garantías puede llegar a convertirse en un ser vivo. Por lo demás, ¿cometo un genocidio si me pincho un dedo y vierto una gota de sangre?</p></blockquote>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El undécimo Mandamiento (y II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/el-undecimo-mandamiento-y-ii</link>
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      <pubDate>Tue, 12 May 2009 08:51:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/untitled2.jpg" alt="" />Hasta que llegue ese momento, siguirán existiendo religiones que continúen afirmando cosas sin ninguna prueba de ello, de una forma tan terca que produce miedo más que asombro. Dentro de las religiones recientes con más de un millón de adeptos, hay una que dijo que el mundo terminaría en 1914. Cuando el mundo no terminó ese año, no asumieron que se habían equivocado. Podrían haber dicho que Dios tuvo misericordia y pospuso la fecha, pero dijeron algo incluso más ridículo: que en realidad el mundo terminó en 1914 pero que no nos hemos dado cuenta. </p>

	<p>Hay otra religión que dice que todas las enfermedades son psicogénicas y que no existen microorganismos patógenos. </p>

	<p>Otra religión que cree que, en el siglo XX, un ángel preparó una serie de tablas de oro y un ser humano divinamente inspirado las enterró. Las tablas estaban escritas en jeroglíficos egipcios antiguos y contenían una serie de libros hasta entonces desconocidos, parecidos a los del Antiguo Testamento.</p>

	<p>Otra religión que cree que, con la suficiente fe, uno puede levitar, rompiendo las leyes de la gravedad. </p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote><p>Pensemos otra vez en todas las posibilidades: mundos sin dioses, dioses sin mundos, dioses creados por dioses preexistentes, dioses que siempre han estado aquí, dioses que nunca mueren, dioses que mueren, dioses que mueren más de una vez, diferentes grados de intervención divina en los asuntos humanos; ningún profeta, uno, o muchos; ningún salvador, uno, o muchos. Y cuestiones relacionadas con los sacramentos, la mutilación religiosa y la escarificación, el bautismo, las órdenes monásticas, las expectativas ascéticas, la presencia o ausencia de vida después de la muerte, días para comer pescado, días para no comer en absoluto, cuántas vidas después de la vida tendremos por delante, justicia en este mundo, en el próximo, o en ninguno en absoluto, reencarnación, sacrificio humano, prostitución en el templo, yihads, y así sucesivamente. Hay una inmensa variedad de cosas en las que la gente cree. Las diferentes religiones creen diferentes cosas. Cada opción religiosa es una caja de sorpresas. Y está claro que hay más combinaciones y alternativas que religiones, aunque en la actualidad haya algo así como unos cuantos miles de religiones en el planeta.</p></blockquote>

	<p>Todas estas religiones se basan en ideas intocables y mutuamente excluyentes de unas religiones a otras. Todas no pueden estar en lo cierto, pero sus adeptos se resisten a dudar de que quizá se hayan equivocado de iglesia, aunque sea demasiada casualidad que él haya decidido ser adepto de una religión en la que también son adeptos el resto de la comunidad en la que reside. Porque sus ideas son así, impulsivas, subjetivas, intocables.</p>

	<p><strong>Pero nada es intocable</strong>. Sobre todo lo que algunos dicen que es intocable. Porque aún nos queda mucho camino por recorrer y no hemos hecho más que empezar. Aprendamos a decir “no lo sé”. Sólo así comenzaremos a investigar sobre nuestra ignorancia. Si alguien dice que sabe algo con seguridad, entonces dudad de él. Incluso dudad de este artículo y de todo lo que dice Carl Sagan en sus conferencias. Mantened siempre alerta vuestro pensamiento escéptico. Porque en eso consiste la ciencia. En dudar. <strong>Por eso ciencia y religión, a nivel epistemológico, son antagónicos.</strong></p>

<blockquote><p>Qué empresa tan valiente y difícil la de edificar, generación tras generación, sobre lo que se ha aprendido del pasado; cuestionar el saber convencional; estar dispuesto, a veces con gran riesgo personal, a desafiar las ideas predominantes y, poco a poco, emergiendo lentamente de este tormento, adquirir una comprensión bien fundamentada, en muchos sentidos predictiva y cuantitativa, de la naturaleza del mundo que nos rodea. No entender todos los aspectos de este mundo por completo más que a través de aproximaciones sucesivas, entender cada vez un poco más. Ahora nos enfrentamos a un futuro difícil e incierto y me parece que, si queremos sobrevivir, necesitaremos todos esos talentos que nuestra evolución y nuestra historia han ido perfeccionando.</p></blockquote>

	<p>Más información | <a href="http://www.editorial.planeta.es/03/03_ns.asp?P=ON&IDLIBRO=35221">La diversidad de la ciencia</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El undécimo Mandamiento (I)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/el-undecimo-mandamiento-i</link>
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      <pubDate>Tue, 12 May 2009 08:36:51 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/untitled1.jpg" alt="" />En una de las conferencias pronunciadas por <strong>Carl Sagan</strong> en 1985 en las prestigiosas <strong>Conferencias Gifford</strong>, que se celebran en Escocia anualmente desde el siglo <span class="caps">XIX</span>, y de las que aquel año se celebraba el centenario de su inauguración, explicó que en occidente <strong>tenemos Diez Mandamientos, pero que ninguno de ellos nos exhorta a entender el mundo</strong>, a comprender las cosas, a combatir la ignorancia y el inmovilismo en las ideas.</p>

	<p>Lo cierto es que muy pocas religiones nos empujan a potenciar nuestra comprensión del mundo. </p>

	<p>Cuando se critica que las prescripciones morales e ideológicas de la religión han quedado en gran parte anticuadas o no se han sabido adaptar a los nuevos descubrimientos sobre la realidad, enseguida los creyentes demandan respeto a su fe, por muy irracional o impulsiva que sea ésta. Y, por supuesto, uno puede creer lo que quiera. Lo que es difícil de respetar es el dogma. Porque el dogma es sinónimo de fanatismo.</p>

	<p>Los creyentes suelen aducir que quienes creen en la ciencia también tienen otro modo de fe: fe en que, por ejemplo, determinados postulados científicos son verdaderos. Eso es cierto. La diferencia estriba en que las verdades de la religión son incuestionables, eternas, proceden de una sola fuente o de muy pocas fuentes, no se cuestionan a menudo, no se someten a duros análisis so pena de considerarse una falta de respeto, no se conducen, en definitiva, con humildad.</p>

	<p>La ciencia es también fe. Fe en hipótesis y teorías. Pero una fe humilde, deseosa de evolucionar, pues considera que no posee la verdad, sino que se aproxima a la verdad en sucesivos adelantos y regresiones. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p><img class="derecha" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/05/fe.jpg" alt="" />Estamos viviendo en una época en la que se producen cambios asombrosos a todos los niveles y a unas velocidades que exceden nuestra asimilación. <strong>Muchas cosas que se consideraban ciertas hace apenas 25 años ya no lo son</strong>. Si no estamos dispuestos a considerar alternativas, nuevas ideas, nuevos enfoques, y evitar en lo posible que nuestras doctrinas lastren nuestro juicio, entonces corremos el riesgo de quedarnos atrás, agarrados a nuestras convicciones de forma desesperada, aterrorizada.</p>

	<p>La religión (piensan algunos) ofrece consuelo (algo muy discutible, porque también es fuente de miedos y enfrentamientos) porque ofrece un sentido a lo que de momento no lo tiene. La ciencia te libera de ataduras, ¿y no es ese un mayor consuelo, un consuelo que no depende de que alguien tire de la manta y te descubra que estás equivocado sino que se alimenta precisamente de eliminar equivocaciones? </p>

	<p>Como dice <strong>Carl Sagan</strong> en su conferencia a propósito de estas tensiones ideológicas entre las distintas religiones:</p>

<blockquote><p>Creo que nos matamos unos a otros, o amenazamos con matarnos unos a otros, en parte porque tenemos miedo de no llegar a saber la verdad, de que alguien diferente pueda aproximarse más a ella. Nuestra historia es en parte una batalla a muerte entre mitos enfrentados. Si no puedo convencerte, te mato. Esto te hará cambiar de idea. Eres una amenaza para mi versión de la verdad, especialmente sobre quién soy yo y cuál es mi naturaleza. La idea de que pueda haber dedicado mi vida a una mentira, de que pueda haber aceptado una idea convencional que ya no se corresponde, si es que alguna vez lo hizo, a la realidad externa, es una constatación muy dolorosa. Mi tendencia será resistirme a ella hasta el final. Estoy dispuesto a hacer lo que sea para no llegar a descubrir que la visión del mundo a la que he dedicado mi vida no es la correcta.</p></blockquote>

	<p>Estas dinámicas psicológicas se producen en todas las personas que tienen ideas, tanto si son religiosas como si no. Por eso la ciencia es tan importante. Los científicos pueden tener las mismas debilidades psicológicas que los religiosos a la hora de afrontar que pueden estar equivocados. <strong>Pero la ciencia es el sistema externo que hemos creado entre todos para evitar que esto pase</strong>: todos nos vigilamos unos a otros, exigimos pruebas, verificación, referencias, humildad. La ciencia sería una especie de democracia del pensamiento.</p>

	<p>La religión, por el contrario, fomenta la dictadura del pensamiento. Las dudas de fe son peligrosas, ofensivas, dañinas. Se tiene que creer y no cuestionar. El que tiene fe enseguida se ofende, ataca, amenaza. La fe irracional alimenta la parte más visceral del ser humano. Por esa razón no existe <strong>un undécimo Mandamiento</strong>: aprenderás, dudarás de todo, sobre todo de quienes dicen saber la verdad, y también dudarás de ti mismo y del resto de los 10 Mandamientos. Y si alguien dice que lo que crees es falso o es peligroso, desearás con toda tu alma que te expliquen la razón, para no desperdiciar ni un minuto más en ello. </p>

	<p>El undécimo Mandamiento, sencillamente, <strong>convertiría todas las religiones en ciencia</strong>.</p>

	<p><a href="http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/el-undecimo-mandamiento-y-ii">Aquí podéis leer la segunda parte de este artículo</a>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La inmoralidad de profesar una fe (y II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/la-inmoralidad-de-profesar-una-fe-y-ii</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/la-inmoralidad-de-profesar-una-fe-y-ii</guid>
      <pubDate>Sat, 28 Mar 2009 14:23:38 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/03/religion.jpg" alt="" />Otro aspecto que habría que añadir a esta clase de fe basada en intuiciones o sensaciones, mitos y leyendas, es que no precisa de sentido crítico alguno, es impermeable al cuestionamiento sistemático. Es decir, muchos de nosotros podemos creer que la teoría del <em>Big Bang</em> puede ser provisionalmente cierta. Pero estamos dispuestos a admitir que es errónea en cuanto nos presenten una teoría alternativa más sólida o alguna prueba de que el Big Bang no pudo producirse sin violar todas y cada una de las leyes de la naturaleza que ya hemos ido acabalando mediante pruebas y errores. </p>

	<p>Es relativamente fácil que un científico o un escéptico recule sobre sus ideas, no así un religioso. El científico asume que sus ideas son provisionales y anhela encontrar otras ideas provisionales mejores. El religioso considera que sus ideas son únicas, intocables y dignas de respeto incluso por quienes no profesan su credo. </p>

	<p>Por último están los intelectuales de las ciencias sociales, que consideran que todo es relativo, porque nada puede saberse con seguridad. Lo cual es una falacia epistemológica, como bien demuestran textos imprescindibles como <em>Imposturas intelectuales</em>, de <strong>Sokal y Bricmont</strong>. <strong>Es evidente que nadie puede saber con el 100 % de seguridad si una cosa es cierta o no</strong>, pero en ciencia sí que pueden establecerse grados de veracidad a ciertos fenómenos. El grado suficiente como para poder gestionarlos y relacionarlos con la realidad que nos rodea. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>La ciencia no persigue (de momento) la Verdad Absoluta. Lo que quiere saber, por ejemplo, es si un avión comercial llegará a Nueva York desde San Francisco con X galones de combustible. Quiere saber por qué lo sabe, cómo lo sabe y, también, por qué en aquella ocasión no el avión no pudo llegar. </p>

	<p>Todo este tiempo he estado, pues, estableciendo claras distinciones conceptuales entre la <strong>fe racional</strong> y la <strong>fe irracional</strong>. En esa distinción se basa el verdadero escepticismo. Ser escéptico no significa no creer en nada sino ser extremadamente cuidadoso en lo que se cree y estar dispuesto a creerlo en cuanto algo nuevo aprendido nos lo demuestre. </p>

	<p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/03/religion-symbols-religious-thumb1139037.jpg" alt="" />Pero como dice <strong>Carl Sagan</strong> en <em>El mundo y sus demonios</em>, hay gente que quiere que todo sea posible, que su realidad sea ilimitada. Les parece que nuestra imaginación y nuestras necesidades requieren más que lo relativamente poco que la ciencia enseña que sabemos con seguridad (recordatorio: seguridad coyuntural, no seguridad absoluta). Es irritante que la ciencia pretenda fijar límites en lo que podemos hacer, aunque sea en principio. ¿Quién dice que no podemos viajar más deprisa que la luz? Solían decirlo del sonido, y mira. Esta clase de objeciones son las esgrimidas por la gente que profesa la fe irracional. </p>

	<p>Como muchos gurús de la Nueva Era, que llegan al punto de abrazar el solipsismo: toda la realidad la producen sus propios pensamientos, ellos son lo único real. Y es que la ciencia todavía tiene tantas preguntas intrigantes y extrañas que no han sido respondidas, que no es nada difícil por los crédulos el usar su fe irracional para imaginarse hipótesis basadas en sus prejuicios, sus mitos y leyendas. Como los que protagonizaron los cultos Cargo.</p>

	<p>Pero ¿tan perjudicial puede ser sostener una fe irracional, creer cosas que no tienen sentido dentro de lo que sabemos actualmente, prescindir del “no lo sé” al “siento que es así y respétalo”, profesar ideas que se basan en cosas que no admiten ni crítica ni cambio? Uno podría pensar que no, que cada palo aguante su vela. Si uno prefiere ser irracional, que lo sea. Si como decía <strong>David Hume</strong>, existen personas que “convierten en mérito la fe implícita;  y disimulan ante ellos mismos su infidelidad más positiva”, pues mira, cada uno tiene sus problemas.</p>

	<p>Aunque nos diera risa o miedo que un hombre de 40 años aún siga creyendo en Papá Noel, es su vida. <strong>¿Por qué romper el hechizo?</strong></p>

	<p>Dejando a un lado que respetar al prójimo no significa no criticarle lo que creemos que hace mal  sino ofrecerle nuestros puntos de vista honestos y sinceros, una persona que sostiene una fe irracional no sólo puede ser altamente perjudicial para sí mismo, sino también para los demás. ¿Podéis imaginar cuántos avances en el conocimiento han sido lastrados por el mito, la leyenda o la fe irracional de grupos de personas altamente organizados a lo largo de la historia? La mayor parte de los hechos terroríficos del pasado han sido espoleados por individuos o instituciones cuyas ideas eran intocables, aunque ellos creyeran que hacían el bien. </p>

	<p>Pero voy a ir a un ejemplo más cotidiano expuesto magistralmente <strong>William K. Clifford </strong>en <em>La ética de la fe</em>. Un libro, por cierto, de 1874, y que ya daba a entender que la fe irracional es inmoral y que nuestra obligación es someterla a continuas críticas y análisis en vez de respetarla y tolerarla sin más. </p>

<blockquote><p>Un armador se disponía a echar a la mar un barco de emigrantes. Sabía que el barco era viejo y que no había sido construído con gran esmero; que había visto muchos mares y climas y se había sometido a menudo a reparaciones. Se había planteado dudas sobre si estaba en condiciones de navegar. Esas dudas lo reconcomían y le hacían sentirse infeliz, pensaba que quizá sería mejor revisarlo y repararlo, aunque le supusiera un gran gasto. Sin embargo, antes de que zarpara el barco consiguió superar esas reflexiones melancólicas. Se dijo a sí mismo que el barco había soportado tantos viajes y resistido tantas tormentas que era ocioso suponer que no volvería a salvo a casa también después de este viaje. Pondría su confianza en la Providencia, que difícilmente podría ignorar la protección de todas esas familias infelices que abandonaban su patria para buscar tiempos mejores en otra parte. Alejaría de su mente toda sospecha poco generosa sobre la honestidad de los constructores y contratistas. De este modo adquirió una convicción sincera y reconfortante de que su nave era totalmente segura y estaba en condiciones de navegar: deseos de éxito para los exiliados en su nuevo hogar en el extranjero, y recibió el dinero del seguro cuando la nave se hundió en medio del océano y no se supo nada más . ¿Qué poddemos decir de él? Desde luego, que era verdaderamente culpable de la muerte de esos hombres. Se admite que creía sinceramente en la solidez de ese barco; pero la sinceridad de su convicción de ningún modo puede ayudarle, porque no tenía derecho a creer con una prueba como la que tenía delante. No había adquirido su fe honestamente en investigación paciente, sino sofocando sus dudas&#8230;</p></blockquote>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Ciencia VS Fe: algunas citas célebres]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/ciencia-vs-fe-algunas-citas-celebres</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/ciencia-vs-fe-algunas-citas-celebres</guid>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2009 12:54:01 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/03/homero_fantasma.jpg" alt="" /><strong>Thomas Henry Huxley </strong>(1825-1895):</p>

	<p>Confíe en un testigo en todo aquello en lo que no esté fuertemente involucrado ni su propio interés, ni sus pasiones, ni sus prejuicios, ni su amor por lo maravilloso. Si lo están, exija una prueba que lo corrobore en proporción exacta a la contravención de la probabilidad por la cosa atestiguada.</p>

	<p><strong>Samuel Butler </strong>(1667-1669):</p>

	<p>Una mente crédula encuentra el mayor deleite en creer cosas extrañas y, cuanto más extrañas son, más fácil le resulta creerlas; pero nunca toma en consideración las que son sencillas y posibles, porque todo el mundo puede creerlas. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>Francis Bacon </strong>(1620):</p>

	<p>La comprensión humana no es simple luz sino que recibe infusión de la voluntad y los afectos; de donde proceden ciencias que pueden llamarse &#8220;ciencias a discreción&#8221;. Porque el hombre cree con más disposición lo que preferiría que fuera cierto. En consecuencia rechaza cosas difíciles por impaciencia en la investigación; silencia cosas, porque reducen las esperanzas; lo más profundo de la naturaleza, por superstición; la luz de la experiencia, por arrogancia y orgullo: cosas no creídas comúnmente, por deferencia a la opinión del vulgo. Son pues innumerables los caminos, y a veces imperceptibles, en que los afectos colorean e infectan la comprensión.</p>

	<p><strong>Carl Sagan</strong>:</p>

	<p>Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar. Así, los antiguos engaños tienden a persistir cuando surgen los nuevos.</p>

	<p><strong>Henry L. Mencken</strong>:</p>

	<p>Vale más una carcajada que mil silogismos.</p>      ]]></description>
      </item>
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