La próxima vez que vayais a la playa, estad atentos a la llegada de patitos de goma. Es uno de tantos fenómenos que está produciendo la contaminación del mar.
Algo parecido le sucedió al equipo de Jean-Michel Cousteau en julio de 2003, mientras rodaban un documental sobre las islas hawaianas. En las playas de la isla de Laysan, en mitad del Pacífico, a miles de kilómetros de cualquier lugar habitado, las lenguas de mar habían dejado un interminable reguero de encendedores, restos de ordenadores, botellas de plástico, cepillos de dientes, pelotas de golf y otros objetos procedentes de 52 países, como una excavación arqueológica de multicultural basura.
Algunos restos de esta basura correspondían a cosas que ni siquiera habían sido fabricadas desde 1960.
También habían muchos cadáveres de albatros, pues habían confundido los pequeños objetos de plástico con peces de colores y los habían capturado y regurgitado sobre los picos de sus crías, incrementando la mortandad de su prole: en las entrañas de estos cadáveres aún podréis encontrar más y más objetos cotidianos que parecen anacrónicos en un lugar tan paradisíaco.


Quien más o quien menos ha oído alguna vez aquello de que orbitando a nuestro planeta ya hay tropecientos restos de basura dejada por las diferentes misiones espaciales, satélites en órbita y demás. Algo así como un vertedero cósmico que da vueltas alrededor de nuestro planeta, como si no tuviéramos suficiente con ensuciar la tierra y los océanos.