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Hay una escena de la película de animación Los rescatadores en Cangurolandia que me encanta cada vez que la veo. Es hacia el principio, cuando los protagonistas, dos ratones, descubren que deben viajar hasta Australia desde Nueva York. Para ello contratan los servicios de un piloto experimentado: un albatros llamado Wilbur.
Wilbur deja que los ratones se monten sobre la lata de sardinas que tiene anudada a la espalda y que hace las veces de cabina, y entonces se ajusta el casco de aviador, toma carrerilla desde el ático de un rascacielos y se lanza en picado hacia la ciudad, cruzando la nieve, entre los alaridos de terror de los protagonistas.
La verdad es que la idea de coger un albatros para viajar a Australia no podría ser más acertada. Mediante satélites se ha descubierto, por ejemplo, que algunos albatros dan la vuelta al mundo en menos de dos meses y que pueden planear durante 6 días sin batir las alas.
-Esto es posible porque las enormes alas del albatros errante (3,35 metros de envergadura) necesitan muy poca energía muscular para mantenerse extendidas debido al “bloqueo de hombro”, un tendón especial que las mantiene en su sitio.
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