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Inventan una cápsula de supervivencia a tsunamis

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Gracias a los avances tecnológicos, todo el mundo ha podido ver casi en directo los efectos devastadores de los recientes tsunamis producidos en algunas partes del mundo. Seguramente sea eso lo que haya motivado a muchos a buscar soluciones más o menos imaginativas para salvar vidas en esas situaciones.

Unos ingenieros, antiguos trabajadores de la empresa aeronáutica Boeing, se han puesto “manos a la obra“ para encontrar una solución al problema y han llegado al diseño de un tipo de cápsula esférica de escape.

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Avances de la ciencia que fueron malos, pero luego buenos… o las dos cosas a la vez (y III)

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El equivalente del cerdo en el mundo oceánico es la ballena. No porque el cerdo y la ballena guarden alguna similitud sino porque de ambos animales se aprovecha todo. Siendo el caso de la ballena mucho más interesante que el del cerdo, al menos en cuanto a la variedad de cosas que salen de ella.

Las ballenas, por ejemplo, fueron el motor económico de EEUU durante el siglo XIX.

Cada centímetro cuadrado de una ballena se podía transformar en algo, así que la ballena equivalía a una de esas tiendas que lo tienen todo para una nación en rápido crecimiento: velas y jabón, ropas y, por supuesto, alimentos (su lengua era una exquisitez). La ballena era especialmente apreciada por el bello sexo, ya que ofrecía partes de su cuerpo para hacer corsés, cuellos de vestidos, sombrillas, perfumes, cepillos de pelo y tinte rojo para telas (este último producto se obtenía, mire usted por donde, de los excrementos de la ballena). Lo más valioso era el aceite de ballena, que servía como lubricante para todo tipo de maquinaria, pero que se utilizaba sobre todo como combustibles para lámparas. Tal como declara el escritor Eric Jay Dolin en Leviathan: “El aceite de ballena iluminó el mundo”.

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Avances de la ciencia que fueron malos, pero luego buenos… o las dos cosas a la vez (II)

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En el ámbito de medicina podemos encontrar un caso clásico de consecuencias no intencionadas. La medicina, en su afán por hallar cada vez más conocimientos que mejoren la vida de la gente, tuvo que aumentar ostensiblemente el número de autopsias. Algo que, a su vez, provocó la pérdida de miles de vidas. Argumento del que próximamente se estrenará una película del director John Landis: Burke y Hare.

Sin salir de la medicina, en el caso de los partos apareció un invento aparentemente positivo: los fórceps. Los fórceps no son más que unas sencillas pinzas metálicas que permiten dar la vuelta al niño dentro del útero para sacarlo como es debido: la cabeza primero. De esta manera se evitaba poner en peligro la vida del niño y de la madre.

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Avances de la ciencia que fueron malos, pero luego buenos… o las dos cosas a la vez (I)

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A menudo se acusa a la ciencia (o mejor dicho, a los científicos, esos mad doctors de batas blancas y pelos electrificados) de que antepone sus investigaciones a la moral. Que, en definitiva, su fin principal es el conocimiento o el adelanto tecnológico, no la felicidad de las personas.

Esto tiene una parte de verdad. La otra parte es que, en ocasiones, tampoco podemos dictaminar que un avance científico vaya a ser intrínsecamente malo, o intrínsecamente bueno. O quién sabe.

Esto no sólo ocurre en la ciencia, también sucede en otras disciplinas, como la economía: ambas materias afectan directamente a conjuntos demasiado complejos.

Por ejemplo, en EEUU, una ley para proteger especies en peligro de extinción puede tener buenos propósitos y, sin embargo, resultar fatal. Cuando un terrateniente temía que a un animal en peligro de extinción pudiera resultarle atractiva su propiedad, para ahorrarse problemas, optaba por talar los árboles de la propiedad para hacerla menos atractiva para dichos animales, por ejemplo.

A la larga, pues, la ley está poniendo en peligro a las especies, en lugar de protegerlas, sobre todo en el caso del búho pigmeo de los cactos ferruginosos y el pájaro carpintero de cresta roja.

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