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El efecto Proteo: la belleza determina la seguridad en uno mismo… incluso en un mundo virtual (y II)

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Se realizaron más experimentos que confirmaban estas correlaciones entre belleza y seguridad en uno mismo en entornos virtuales. Pero lo más llamativo de todo ello no fue lo que sucedía en el mundo virtual, sino lo que acabó sucediendo en el mundo real: las personas a las que se les había asignado avatares atractivos mostraron mayor confianza también en el mundo real.

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El efecto Proteo: la belleza determina la seguridad en uno mismo… incluso en un mundo virtual (I)

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No es la primera vez que os hablo de lo determinante que es la belleza de una persona para su éxito social, incluso a niveles aberrantes, como que porcentualmente hay más individuos feos en la cárcel que fuera de ella.

La belleza tiene tanto poder porque determina cómo nos tratará la gente, y según cómo nos trate la gente a lo largo de nuestra vida sin duda acabará moldeando en cierto grado cómo somos. Por ejemplo, las personas atractivas o altas y esbeltas atraen a más amigos de media, perciben salarios más elevados por el mismo trabajo y hasta reciben mejor asistencia sanitaria.

Bien lo saben incluso los bebés recién nacidos: los que son más monos reciben mejores atenciones de las comadronas y enfermeras que los más feos, y poco importa que lloren más o menos para llamar la atención.

Nuestra apariencia, también, afecta a cómo nos percibimos a nosotros mismos, y por tanto a cómo actuamos.

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La infelicidad de quererlo todo

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I Want It All, que decía Queen. Pero ¿estaban equivocados? A la luz de ciertos estudios, en parte. Querer cada vez más, quererlo todo, es lícito, e incluso puede ser sano: después de todo, como especie hemos evolucionado en parte gracias a ese anhelo por poseer.

Pero el problema surge cuando empezamos a tener demasiadas cosas o, aún peor, cuando nuestra autoestima depende de la obtención de esas cosas y nuestras expectativas son demasiado elevadas.

Hoy, pues, voy a hablaros del problema del estatus y la autoestima.

Nuestros objetivos determinan lo que interpretamos como triunfo y lo que debemos considerar como un fracaso. William James( 1842-1910), profesor de psicología de Harvard, ha dedicado toda su carrera a convertirse en un psicólogo preeminente. (De hecho, James es el primer investigador que analizó metódicamente el fenómeno de la autoestima). Por lo tanto, según él mismo admite, puede llegar a sentir envidia e incluso vergüenza si se encuentra con otras personas que saben más psicología que él, o peor aún: si no son psicólogos de profesión pero atinan con alguna reflexión más allá de sus reflexiones.

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