No importa si tienes fe en los milagros o en otros fenómenos sobrenaturales, no importa que rindas culto a Jesús, a Baal o a Zeus. No importa si eres racionalista, ateo, creyente o agnóstico. Tampoco importa que tengas fe en Santa Claus. Los siguientes pensamientos merecen ser leídos aunque sólo sea porque fueron prohibidos durante siglos de oscurantismo.
Son pensamientos acerca de cómo la ciencia erosiona el concepto de fe en lo sobrenatural; y como la única manera de avanzar científicamente es mediante un pensamiento fundamentalmente escéptico. No dudo que algunos de estos pensamientos podrán ofender las ideas de determinadas personas. Pero quizá va siendo hora de que no nos ofendamos por las ideas, porque entonces todo el mundo podría ofenderse por las ideas de los otros y… nunca se podrían publicar ideas nuevas o diferentes. De ningún tipo.
En el caso de las creencias religiosas, místicas o psedocientíficas, con más razón, pues como ya dijo Christopher Hitchens: “Lo que puede ser afirmado sin pruebas, también puede ser descartado sin pruebas.”
En cualquier caso, si hay algún hipersensible en la sala, que no siga leyendo y asunto resuelto. El resto, adelante. En cualquier caso, como espero que el hipersensible se quede y acabe diciendo que este artículo no es de ciencia, lo aclaro por anticipado: este artículo habla sobre filosofía de la ciencia; la ciencia es epistemológicamente la antítesis de la religión y cualquier otra superstición o pseudociencia; también se habla sobre la biografía de diversos científicos; se habla de biología, astronomía, paleontología y demás disciplinas; en definitiva, este artículo sí que cabe en un blog de ciencia. Y holgadamente.

Muy habituales son las colonias organizadas por grupos religiosos, en los que muchas de sus actividades están orientadas a fomentar la fe o a divulgar la doctrina. A todos se nos aparece la imagen del sacerdote tocando la guitarra, du-bi-dúa, frente a los boyscouts.