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        <title>Magazine - antonio-damasio</title>
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        <description>Publicación de noticias sobre gadgets y tecnología. Últimas tecnologías en electrónica de consumo y novedades tecnológicas en móviles, tablets, informática, etc</description>
        <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 10:24:16 +0000</pubDate>
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                <title><![CDATA[El hombre muy, muy indeciso: la lesión frontal ventromediana]]></title>
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                <pubDate>Sat, 17 Apr 2010 13:27:09 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
                              <p>
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    </p>
    <p></p>
<p>Una manera muy eficaz de averiguar cómo funciona nuestro cerebro es estudiar el comportamiento de personas con lesiones cerebrales muy concretas. Para estudiar la manera en la que tomamos decisiones, pues, no hay nada mejor como fijarnos en pacientes con <strong>lesiones prefrontales ventromedianas</strong>. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>La mayoría de nosotros cree que sus decisiones son tomadas de manera ponderada y reflexiva, hasta cierto punto con determinada lógica. Pero lo cierto es que la mayoría de nuestras decisiones son intuitivas e inconscientes… <strong>y lo mejor para nosotros es que sea así</strong>.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Si todas nuestras decisiones las tomáramos racionalmente, <strong>sencillamente no tomaríamos decisiones</strong>. El número de variables que calcularíamos sería tan enorme que probablemente nos pasaríamos todo el tiempo evaluándolas. Y la carencia de emociones eliminaría la motivación de tomar la decisión.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>Por ejemplo, así es como respondió, según el neurofisiólogo <strong>Antonio Damasio</strong>, un paciente con lesión prefrontal ventromediana a la pregunta de cómo le había ido el trayecto en coche por las heladas carreteras, bajo la lluvia glacial: </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p></p>
<!--more--><p></p>

<blockquote>Su respuesta fue rápida y desapasionada: había ido bien, no distinto de lo habitual, excepto que había exigido un poco de atención a los procedimientos adecuados para conducir sobre el hielo. A continuación el paciente siguió resaltando algunos de dichos procedimientos y describiendo que hasta había visto automóviles y camiones patinando y saliendo de la calzada porque no seguían esos procedimientos adecuados y racionales.</blockquote>

<p></p>
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      </div>
</div>
<p>El paciente también relata con espeluznante tranquilidad y sosiego cómo vio a una mujer conductora que no había seguido esos procedimientos adecuados y racionales y que, por ello, había resbalado sobre una placa de hielo y se había estrellado. Y a continuación, <strong>el paciente narra cómo él siguió su camino cruzando precisamente sobre esa placa de hielo traicionera</strong>. </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Hasta ahora, la lesión prefrontal ventromediana parece una gran ventaja. Aunque el paciente pudiera parecer un robot tipo <strong>C3PO</strong>, lo cierto es que su manera de pensar y actuar es eficaz. Sin embargo, conducirse por la vida de una manera tan fría y calculada, carente de emociones, también tiene sus inconvenientes, <strong>sobre todo a la hora de tomar decisiones para concretar la próxima cita</strong>:</p>
<!-- BREAK 6 -->
<blockquote>Sugerí dos fechas alternativas, ambas del mes siguiente y separadas entre sí por unos pocos días. El paciente sacó su agenda y empezó a consultar el calendario. El comportamiento que siguió, que fue presenciado por varios investigadores, resultó notable. Durante media hora larga, el paciente enumeró razones a favor y en contra de cada una de las dos fechas: citas previas, proximidad a otras citas, posibles condiciones meteorológicas, prácticamente todo lo que uno pudiera imaginarse razonablemente en relación con una simple cita. De la misma manera calmada con la que había conducido sobre el hielo y había relatado después el episodio, nos estaba espetando ahora un aburrido análisis de coste/beneficio, un resumen inacabable y una comparación estéril de opciones y de posibles consecuencias.</blockquote>

<p><strong>La anestesia afectiva que sufría aquel paciente le producía una suerte de déficit motivacional</strong>, convirtiendo cualquier deliberación en un proceso inacabable. Sin emociones, sin el concurso de la parte más instintiva y primitiva de nuestro cerebro, <strong>sentimos abulia</strong>, y con ella se nos cae encima un inmenso árbol de decisiones subdividido en infinitas ramas en las que deberemos invertir demasiado tiempo examinando la más apropiada.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Vía | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.ed-critica.es/libro/el-error-de-descartes-978848432787"><em>El error de Descartes</em> de Antonio Damasio</a></p>
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                <title><![CDATA[Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (y II)]]></title>
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                <pubDate>Tue, 10 Nov 2009 23:07:34 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p></p>
<p>La mejor forma de comprender <strong>cómo mejoraría nuestra vida al conocer y hasta anticipar la secreción de sustancias químicas específicas en nuestro cerebro</strong> es mediante el siguiente ejemplo.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Imaginad que decidimos tomar un secante de <span class="caps">LSD</span> y, poco después, notamos la esperable confusión sensorial, colores derramándose, ataques de lucidez y de miedo, etc.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Imaginad que, otro día, esa misma dosis de ácido es ingerida por vuestro cuerpo sin que tengáis conocimiento de ello. Por ejemplo, alguien la ha diluido inadvertidamente en vuestra bebida. Y de repente, sin motivo aparente, vuestro mundo se transforma en un carrusel de alucinaciones, tal y como le sucedió a <strong>Albert Hoffman</strong> cuando sintetizó sin saberlo el <span class="caps">LSD</span>, convirtiendo su regreso a casa en bicicleta en un paseo de pesadilla.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p></p>
<!--more--><p></p>

<p>Como nosotros no somos Hoffman, en ambas situaciones habríamos sido modificados neuroquímicamente por la misma droga, sí, pero en el segundo escenario no controlaríamos nada, ignoraríamos qué nos pasa y la razón de ello, y lo que pudiera haber sido una experiencia recreativa estimulante o iluminadora se ha convertido en una experiencia probablemente más desagradable.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Habla <strong>Steven Jonson</strong> en <em>La mente de par en par</em>:</p>

<blockquote>La diferencia entre dos situaciones entre estas dos situaciones es simplemente la siguiente: la droga no cambia, pero nuestro conciencia de la droga y de sus efectos, sí. Saber que unas setas alucinógenas son capaces de transformar una alfombra oriental en un nido lleno de serpientes hace más fácil disfrutar de las serpientes y reconocer su naturaleza ilusoria. No podemos obligar a nuestro cerebro a que deje de alucinar; pero sí podemos consolarnos con el pensamiento de que la alucinación es un efecto normal de la droga que hemos tomado. Y este consuelo cambiará sin duda nuestra conducta de manera profunda: en vez de salir corriendo de nuestra casa entre gritos de “¡Serpientes!, ¡Serpientes!”, o de acudir en busca de ayuda a un centro de salud mental, nos sentaremos tranquilamente y nos reiremos. Comprender toda la gama de efectos de una droga cambia la experiencia de tomarla.</blockquote>

<p>Lo mismo puede aplicarse a las drogas endógenas. Cuando la oxitocina provoca esa tranquilidad y ese estado casi ausente en una madre que hace poco que ha parido, por ejemplo. O cuando somos invadidos por la adrenalina al recordar un acontecimiento traumático. Imaginad, en este último caso, que, presos de la ansiedad, nos sentamos y nos decimos: <em>no pasa nada, sólo son las hormo</em>nas. La sensación no desaparecerá, claro, pero <strong>sus efectos serán mucho menos paralizadores</strong>.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Tener en cuenta a nuestras drogas endógenas naturales puede contribuir también a que descubramos nuevas categorías psicológicas, como si de repente escucháramos <strong>el bajo que suena en una banda de música</strong>, que hasta entonces nos había pasado inadvertido entre todos los instrumentos musicales.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Johnson pone el ejemplo de que al estar triste también se sentía torpe, sin ideas, lo cual alimentaba más su tristeza, hasta que descubrió unos estudios neuroanatómicos de Antonio Damasio que demostraban que la tristeza precisamente paralizaba la región del cerebro encargada de producir nuevas ideas y la viveza mental en general: la corteza prefrontal.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Al conocer esto, Johnson se seguía sintiendo triste cuando estaba triste, pero ya había dejado de sentir que, además, perdía confianza en sus cualidades intelectuales (lo que antes agravaba su tristeza). </p>
<!-- BREAK 8 -->
<blockquote>En vez de preguntarme si he perdido la agilidad mental que tenía antes, simplemente espero a que pase todo. Sólo tengo indicios esporádicos de esta conclusión, pero siento que mis crisis de tristeza se han vuelto más breves con este nuevo descubrimiento, pues el ciclo de la duda ha desaparecido.</blockquote>

<p>Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson</p>
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                <title><![CDATA[La imposibilidad (temporal) de explicar la conciencia]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/biologia/la-imposibilidad-temporal-de-explicar-la-conciencia</link>
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                <pubDate>Mon, 02 Nov 2009 12:35:52 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p></p>
<p>El neurocientífico <strong>Antonio Damásio</strong> define la conciencia como “la sensación de lo que ocurre”. Otros, como <strong>Rodolfo Llinás</strong>, sostienen que la conciencia sólo es una propiedad de la materia que compone el cerebro, como la madera tiene la propiedad de arder fácilmente en contacto con el fuego: en ese sentido, <strong>una mesa y un cerebro serían más o menos la misma cosa</strong>, sentenciaría Llinás golpeando la mesa con el puño en una de sus clases en la universidad. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Los teóricos de la conciencia denominan <strong>qualia</strong> a la propiedad del cerebro de reconocerse a sí mismo, de proyectar una representación del mundo externo e interno. Sin los <em>qualia</em>, el ser humano sería un zombi o un robot. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Pero ¿cómo se originó esta extraña propiedad de la mente? ¿Cómo es posible que un puñado de átomos que no difiere mucho de un calentador de agua o un tallo de brócoli sea consciente de su entorno? (Presumiendo que el calentador de agua o el tallo de brócoli no sean conscientes de su entorno, claro).</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p></p>
<!--more--><p></p>

<p>De forma muy simplificada, existen 4 posibles respuestas a esta pregunta. </p>

<p><strong>La primera</strong> es que los <em>qualia</em> existen como propiedad en toda la materia, incluida la del calentador de agua o el brócoli, pero el cerebro humano es el aparato registrador de <em>qualia</em> más avanzado que se conoce. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p><strong>La segunda</strong> respuesta sostiene que, en la configuración de las células, existe algo único que provoca que la conciencia exista en el cerebro y no en el brócoli. Aunque todavía es una cuestión abierta a debate la naturaleza de ese algo.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<p><strong>La tercera</strong> respuesta se refiere a una misteriosa sustancia que la ciencia aún no ha comprendido (la conducta cuántica de la que habla <strong>Roger Penrose</strong> en <em>La nueva mente del emperador</em>, por ejemplo), la cual origina que un simple rosario de átomos interconectados sea una entidad que siente.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p><strong>La cuarta</strong> respuesta postula que una de las propiedades de la conciencia es que no puede explicarse a sí misma, por lo que nunca entenderemos de verdad los <em>qualia</em>, por mucho que avancemos en nuestro conocimiento, como el pez que se muerde la cola. </p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Planteamientos extraños y perturbadores, inconcretos, que distan mucho de alcanzar un consenso científico a corto plazo; y que consiguen que uno, al echar el brócoli en el cazo hirviendo, se replantee que quizá está dejando huérfana a una familia de pequeños brócoli.</p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson</p>
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