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        <title>Magazine - amerindios</title>
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        <description>Publicación de noticias sobre gadgets y tecnología. Últimas tecnologías en electrónica de consumo y novedades tecnológicas en móviles, tablets, informática, etc</description>
        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 13:50:28 +0000</pubDate>
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                <title><![CDATA[No somos más consumistas, avariciosos y materialistas que nuestros ancestros (y II)]]></title>
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                <pubDate>Mon, 02 Nov 2009 05:34:08 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
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      <img src="https://i.blogs.es/3b0b77/greed-covetousness-mammon-money-idolatry1/1024_2000.jpg" alt="No&#x20;somos&#x20;m&#x00E1;s&#x20;consumistas,&#x20;avariciosos&#x20;y&#x20;materialistas&#x20;que&#x20;nuestros&#x20;ancestros&#x20;&#x28;y&#x20;II&#x29;">
    </p>
    <p>Veíamos que, para demostrar su poder y avergonzar a sus rivales, los amerindios más poderosos de esta región se dedicaban a destruir alimentos, ropas y dinero, literalmente los despilfarraban, incluso llegando a prender fuego a su propia casa. Como si encarnaran al protagonista de esa mala comedia de los años 80 protagonizada por <strong>Richard Prior</strong> que, para obtener toda la herencia de un pariente lejano, debía primero gastar 1 millón de dólares en un tiempo récord: <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.imdb.es/title/tt0088850/maindetails">El gran despilfarro</a>. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>No son los únicos ejemplos de tribus ancestrales entregadas al despilfarro por el despilfarro. Entre los pueblos de Melanesia y Nueva Guinea también se daban casos de donaciones por partes de los <strong>Big Men</strong> (Grandes Hombres) en festines dionisíacos altamente competitivos. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Por ejemplo, entre el pueblo de <strong>habla kaoka</strong> de las Islas Salomón, se pueden organizar estas obscenas muestras de ostentación acumulando kilos y kilos de pescado seco, 5.000 tartas de ñame y coco, 19 cuencos de budín de ñame y 13 cerdos. El <em>Big Men </em>reparte a partes iguales todo lo obtenido entre las personas que le han ayudado a obtenerlo y él, simplemente, se queda con los restos, sobre todo los huesos y los alimentos más estropeados, como el mejor y más hospitalario de los anfitriones. </p>
<!-- BREAK 3 --><!--more--><p>Todo lo que un pobre debía hacer para comer algo era admitir que el jefe rival era un “gran hombre”, porque el prestigio es la única recompensa para los <em>Big Men</em>: trabajaban más que nadie para consumir menos que nadie. Como un pavo real que invierte su energía en exhibir la cola de más grande y más hermosa aunque ello lo obligue a arrastrar un peso muerto e inútil el resto de su vida.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>El <em>potlatch</em>, sin embargo, me sigue pareciendo el ejemplo más interesante para cerrar un poco la boca a los agoreros de siempre, así que le cedo de nuevo el turno de <strong>Marvin Harris</strong> para que nos describa con más detalle en qué consistía una de estas ceremonias pantagruélicas:</p>
<!-- BREAK 5 -->
<blockquote>Los preparativos para el potlatch exigían la acumulación de pescado seco y fresco, aceite de pescado, bayas, pieles de animales, mantas y otros objetos de valor. El día fijado, los huéspedes remaban en sus canoas hasta la aldea del anfitrión y penetraban en la casa del jefe. Allí se atiborraban de salmón y bayas silvestres, mientras les entretenían danzarines disfrazados de dioses castor y pájaros-trueno.</blockquote>

<blockquote>El jefe anfitrión y sus seguidores disponían en montones bien ordenados la riqueza que se iba a distribuir. Los visitantes miraban hoscamente a su anfitrión, quien se pavoneaba de un lado para otro, jactándose de lo que les iba a dar. A medida que iba contando las cajas de aceite de pescado, las cestas llenas de bayas, y los montones de mantas, comentaba en plan burlón la pobreza de sus rivales. Finalmente, los huéspedes, cargados de obsequios, eran libres de regresar en sus canoas a su propia aldea. Herido en su amor propio, el jefe huésped y sus seguidores prometían desquitarse. Esto sólo se podía conseguir invitando a sus rivales a participar en un nuevo potlatch y obligándoles a aceptar cantidades de objetos de valor aún mayores que las recibidas con anterioridad. Si consideramos todas las aldeas kwakiutl como una sola unidad, el potlatch estimulaba un flujo incesante de prestigio y objetos de valor que circulaban en direcciones opuestas.</blockquote>

<p>Vía | <em>Vacas, cerdos, guerras y brujas</em>, de Marvin Harris</p>
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                <title><![CDATA[No somos más consumistas, avariciosos y materialistas que nuestros ancestros (I)]]></title>
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                <pubDate>Sun, 01 Nov 2009 16:07:04 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p>Se tiende a considerar que vivimos tiempos convulsos, crepusculares, en los que casi se oyen de lejos las trompetas del Apocalipsis. Y bueno, en cierta forma es así. Pero también es verdad que esa tendencia ha existido siempre, en todas las épocas de la historia: consultad las reflexiones de cualquier mente preclara de hace siglos y os dará la impresión de que está fiscalizando el siglo XXI, con <em>telebasura</em> incluida. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Siempre ha existido incultura, moda, vanidad, racismo, violencia, avaricia y otras lacras sociales. Incluso me atrevería a decir que, a grandes rasgos, todas esas lacras cada vez son menos serias: con nuestros altibajos, vamos a mejor. Por eso hay que echarse a reír y señalar algún libro de historia o antropología cada vez que alguien nos diga que antes se vivía mejor (en general, no en particular) o que vivimos hacinados en ciudades cada vez más inseguras, alienantes o... <strong>materialistas y consumistas</strong>. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Lo cierto es que en los idílicos bosques de Bambi hay tanta o más mezquindad, inseguridad y consumismo que en cualquier barrio del extrarradio de una gran ciudad. Pero hoy vamos a centrarnos sólo en una de estas facetas: <strong>el consumismo, y sus hermanos gemelos la avaricia y el materialismo</strong>.</p>
<!-- BREAK 3 --><!--more--><p>El vil metal, el brillo fenicio, la especulación inmobiliaria, las entidades bancarias… todos males del siglo XX y desconocidos en los arcádicos <a rel="noopener, noreferrer" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Los_mundos_de_Yupi">mundos de Yupi</a>, tienen un origen más genético que cultural, más visceral que educativo. Somos netamente consumistas (incluso puede que hoy seamos menos consumistas que nuestros ancestros, porcentualmente hablando). Y la mejor prueba de ello la aporta, cómo no, el antropólogo <strong>Marvin Harris</strong> al referirse a los <strong>amerindos</strong>.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Los amerindos son el paradigma del consumo más desaforado y el anhelo por acumular riquezas a lo <strong>Tío Gilito</strong> por el simple hecho de escalar socialmente. Y no viven en Wall Street ni llevan corbata sino que habitaban las regiones costeras del sur de Alaska, la Columbia Británica y el estado de Washington.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Esta región fue descubierta por los antropólogos a principios del siglo XX que, asombrados, asistieron en primera persona a una costumbre conocida entre los amerindios como <strong>potlatch</strong>. Marvin Harris define así este desquiciado fenómeno pecuniario:</p>
<!-- BREAK 6 -->
<blockquote>El objeto del potlatch era donar o destruir más riqueza que el rival. Si el donante del potlatch era un jefe poderoso, podía intentar avergonzar a sus rivales y alcanzar admiración eterna entre sus seguidores destruyendo alimentos, ropas y dinero. A veces llegaba incluso a buscar prestigio quemando su propia casa. Ruth Benedict ha hecho famoso el potlatch en su libro Patterns of Culture, que describe cómo funcionaba el potlatch entre los kwakiutl, habitantes aborígenes de la Isla de Vancouver. Benedict pensaba que el potlatch formaba parte de un estilo de vida megalómano característico de la cultura kwakiutl en general.</blockquote>

<p>(…)</p>

<blockquote>Los kwakiutl solían vivir en aldeas de casas de madera, próximas a la costa y en medio de bosques de lluvias de cedros y abetos. Pescaban y cazaban en los fiordos y estrechos salpicados de islas de Vancouver en enormes canoas. Siempre ávidos de atraer a los comerciantes, hacían destacar sus aldeas erigiendo en la playa los troncos de árboles esculpidos que erróneamente hemos llamado “postes totémicos”. Los grabados en estos postes simbolizaban los títulos ancestrales que reivindicaban los jefes de la aldea.</blockquote>

<p>En el próximo capítulo descubriremos más detalles del potlatch, así como otras sociedades aparentemente conectadas con el espíritu de la naturaleza que, como la de los Amerindios, se pirrarían por pasearse por <em>Tiffany´s</em>.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Vía | <em>Vacas, cerdos, guerras y brujas</em>, de Marvin Harris</p>
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