Einstein ya se dio cuenta: si subes a una escalera, envejecerás más deprisa. Ello se debe a que, cuanto más fuerte sea el campo gravitatorio, más rápido será el movimiento y mayor la dilatación temporal (es decir, más despacio transcurrirá el tiempo).
O sea, que cuanto más lejos estemos de una fuente gravitatoria (es decir, cuanto menos experimentemos la fuerza de la gravedad), más rápidamente transcurrirá el tiempo para nosotros. Al subir una escalera, nos alejamos de la Tierra, y por eso la fuerza de gravedad que actúan sobre nosotros disminuye. Físicos del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) han demostrado que este efecto también sucede con una diferencia de altura de solo 33 centímetros.
Por ejemplo, si subimos hasta la última planta del Empire State Building, que está a 380 metros de altura, y permaneciéramos allí durante 79 años… perderíamos 0,000104 segundos de nuestra vida.

El Everest está considerada la montaña más alta del mundo, con 8.848 m. (en 1852, con los medios de la época, el bengalí Radhanath Sikdar, que trabajaba en el servicio de Topografía Trigonométrica de la India colonial, estableció su altura en 8.840, teniendo en cuenta factores como la curvatura de la tierra, la refracción atmosférica y la desviación de la plomada… solo se equivocó de 8 metros).
Desde hace unos años se puede aumentar vuestra estatura, sin usar tacones, sin hacer ejercicios de estiramiento. Basta con someterse a una nueva técnica que no precisa que paséis por quirófano.
Aunque solemos decir con ligereza lo de que el físico no importa o que lo importante está en el interior, diversos estudios sugieren que la realidad es muy distinta: el físico influye a todos los niveles en cómo percibimos a los demás. Por ejemplo, solemos ser más severos ante un desliz si el desliz ha sido cometido por una persona poco agraciada físicamente.
Aunque los libros de cocina son taxativos con los tiempos de cocción de los alimentos, lo cierto es que éstos cambian dependiendo de la altura a la que nos encontremos.
