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altruismo

Los niños pequeños ya tienen sentido de la justicia

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1318008898_1_orig.jpgEl estudio “Fairness Expectations and Altruistic Sharing in 15-Month-Old Human Infants” realizado por Jessica Sommerville y otros autores de la Universidad de Washington y publicado en la revista científica PLos ONE demuestra la aparición temprana del sentido de la justicia y el altruismo a los 15 meses incluso antes del habla.

Primero se realizó una prueba con unos 50 niños en la que se comprobó que éstos ya perciben la diferencia cuando la distribución de la comida es igual o desigual. Según explica el estudio publicado, los niños se sorprendían cuando el reparto de leche y galletas era desigual, dándose el fenómeno de “violación de expectativas”.

Durante el experimento, un bebé de 15 meses, sentado en el regazo de su madre o de su padre, visionaba dos videos cortos sobre personas llevando a cabo una tarea. En un video, se repartía un plato de galletas entre dos personas; la distribución de alimentos se hizo dos veces, una con una asignación equitativa de las galletas y otra con una asignación desigual. La segunda película fue igual pero utilizando una jarra de leche, en vez de galletas.

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Los dictadores y los ricos son malos (si están aislados socialmente, aún lo son más)

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el-gran-dictador-chaplin.jpgNuestra solidaridad con el prójimo es natural. Pero también es un mecanismo frágil. Por eso, un dictador, por muy tirano que sea, puede mostrar cierta solidaridad con su pueblo: a pesar de ostentar el poder absoluto, siguen estando limitados por sus instintos compasivos.

Cuando los individuos son aislados socialmente, dejan de simular sentimientos por los demás. Sus intuiciones morales se desconectan. Si el tirano ya no está conectado con su pueblo, puede sobrevenirle una codicia irrefrenable. Y entonces ocurre cosas extravagantes.

Los gastos personales de Mobutu suponían el 20 % de los presupuestos del Estado. Haile Selassie mantuvo la esclavitud hasta la década de 1940 y bajo su régimen las investigaciones judiciales se practicaban mediante adivinación. La mayoría de estos personajes se bautizaban con títulos largos e hiperbólicos que dejaban en evidencia su mediocridad: Idi Amin se proclamó “Señor de Todas las Bestias de la Tierra y Peces del Mar y Conquistador del Imperio Británico, de África en General y Uganda en Particular”. Aunque para títulos rimbombantes, los que se adjudicaba Macías: más de cincuenta diferentes que los escolares de su país debían memorizar si querían pasar de curso. Por suerte, algunos de ellos eran cortos y fáciles de memorizar, como el de < >. Otros, estúpidos, redundantemente largos y vagamente turísticos, resultaban un poco más difíciles de aprender: “Constructor de nuevas carreteras de red moderna que reúnen las condiciones modernas de construcción de carreteras; visite Nkue-Mikomeseng, Añisok, Mongomo, Ebebiyín”.

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Si quieres que la gente ayude, enséñales un niño famélico, no a muchos

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1132337582_1.jpgA nuestro cerebro no se le dan muy bien las multitudes. Fue cableado cuando vivíamos en comunidades pequeñas, así que no tenía por qué asimilar la existencia de millones de habitantes. El problema es que hoy en día somos miles de millones de habitantes, y eso supone un problema. Sobre todo si queremos inspirar la filantropía.

Cuando vemos un anuncio en el que se nos conmina a prestar nuestra ayuda a un país tercermundista, generalmente se nos mostrará un niño triste y famélico. Ello es lo que de verdad inspira nuestro altruismo. Si nos enseñaran a muchos, o se mostrara información racional sobre el problema económico del país, el efecto sería menos eficaz, como sugieren los estudios del psicólogo de la Universidad de Oregón, Paul Slovic.

En sus experimentos, preguntaba a los participantes cuánto estarían dispuestos a donar para diversas causas caritativas.

Así, Slovic descubrió que cuando se enseña a los individuos una foto de Rokia, una niña famélica de Malawi, actúan con una generosidad admirable. Tras mirar el escuálido cuerpo y los evocadores ojos oscuros de la niña, cada uno donaba, por término medio, dos dólares cincuenta centavos a la organización Save the Children. Sin embargo, si se proporcionaba a otras personas una serie de datos estadísticos sobre el hambre en África (en Malawi hay más de tres millones de niños desnutridos, en Etiopía más de once millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente, etcétera), la donación media era un 50 % inferior. A primera vista, esto no tiene sentido. Si la gente está informada sobre el verdadero alcance del problema, ha de dar más dinero, no menos.

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El truco para que un cliente nos deje más propina: hacerle reír

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trabajo-camarero.jpgEste post va especialmente dirigido a los que os dedicáis a la hostelería, aunque podría extrapolarse a muchas otras profesiones: no importa tanto vuestra profesionalidad, vuestra eficiencia o la calidad de la comida… a veces lo más importante es la risa.

Al menos si hacemos caso de un estudio de 2002 publicado en Journal of Applied Social Psychology sobre los efectos de las bromas en las propinas de los bares y restaurantes franceses.

Sólo los estadounidenses dejen alrededor de 26 billones de dólares de propinas en restaurantes, cada año. Pero los comensales felices dejan más propinas. Como sugiere el estudio que os he mencionado, en el que el camarero debía entregar a los clientes una pequeña tarjeta con la cuenta.

La mitad de las tarjetas contenían un anuncio de un club nocturno local, mientras que el resto contenían el siguiente chiste:

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La hucha perfecta: usa el color rojo y recaudarás más

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hucha-solidaria.jpgSon habituales las huchas petitorias para recaudar dinero para fines humanitarios junto a las cajas registradoras de algunos comercios. Para el hambre en el mundo, para los niños pobres, para investigar acerca de determinada enfermedad, etc.

Sin embargo, los donativos suelen ser más o menos generosos no sólo en relación a la generosidad intrínseca de la persona, sino del contexto de la hucha.

Uno de estos contextos viene marcado por al mensaje que acompaña a la hucha. Una hucha en la que se lea “Por favor, dona con tu generosidad”, no recaudará tanto como una en la que ponga “Cada céntimo cuenta”, como tampoco una en la que ponga “Cada euro cuenta” o “Tú puedes marcar la diferencia”.

Al menos es lo que sugiere un experimento, en el que se evaluó la eficacia de estas cuatro huchas. La que mejor funcionó fue la de “Cada penique cuenta” (o cada céntimo cuenta), que contenía un 62 % de la recaudación total, mientras que “Cada libra cuenta” (o cada euro cuenta), quedó en cuarto lugar, con tan sólo el 17 %.

La simple diferencia entre la palabra “penique” y “libra” marcó una gran diferencia.

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Test para saber lo bueno que eres

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Poco a poco estamos descubrimiento que el sentido moral es algo que surge de forma innata en el ser humano (aunque esa moralidad acostumbre a manifestarse sólo entre los miembros de nuestro propio grupo o clan).

En 1996, biólogos italianos descubrieron las neuronas espejo, que determinan nuestro grado de empatía, altruismo o solidaridad con el prójimo. Estas neuronas está alojadas en la corteza premotora del cerebro, y nos hacen ponernos en la piel del otro gracias que permiten que lo imitemos: hacen que nos hagamos una idea de lo que está haciendo el otro y que podamos darle sentido.

Por esa razón, cuando una persona sufre un padecimiento, se activa en nosotros un patrón cerebral que es el mismo que entra en funcionamiento cuando alguien ve a otra persona sufrir.

Pero no todos nacemos con el mismo grado de moral, y el ambiente acaba por configurar finalmente nuestra moralidad (pese a la idea russoniana del buen salvaje, son las ciudades más industrializadas las que tienen ciudadanos más morales y no los escenarios rurales o naturales).

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Libre mercado: Altruismo, egoísmo y cooperación científicos (y II)

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Libros sobre el tema de la moral científica hay muchos. Pero me centraré en un pequeño ejemplo, casi una anécdota, para ir abriendo camino hacia ella. (Prometo, en sucesivos artículos, ahondar más en el asunto).

Imaginad que estáis con otras 20 personas, a las que sólo conocéis superficialmente, en una habitación en la que os ha reunido un filántropo excéntrico. Suponed que no podéis hablar entre vosotros y que se os da la posibilidad de elegir entre apretar un botoncito que hay frente a cada uno de vosotros o no hacerlo.

Si ninguno de los presentes aprieta su botón, el filántropo entregará 10.000 euros a cada uno. Pero si algunos lo aprietan, quienes lo hayan hecho recibirán 3.000 euros cada uno, y quienes no lo hayan apretado se irán con las manos vacías.

La pregunta es: ¿aprietas tú el botón para asegurarte los 3.000 euros o te abstienes, con la esperanza de que todos hagan lo mismo, para así poder ganar 10.000 euros cada uno?

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Libre mercado: Altruismo, egoísmo y cooperación científicos (I)

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La pregunta está de actualidad debido a la crisis económica mundial. ¿El Estado debe intervenir para regular la economía? ¿O la economía se regula por sí misma?

Thomas Hobbes sostenía que las leyes de naturaleza (tales como las de justicia, equidad, modestia, piedad y, en suma, la de haz a otros lo que quieras que otros hagan para ti) son, por sí mismas, cuando no existe el temor a un determinado poder que motive su observancia, contrarias a nuestras pasiones naturales, las cuales nos inducen a la parcialidad, al orgullo, a la venganza y a cosas semejantes. Así pues era necesaria una instancia superior que nos supervisara.

En el especto opuesto está Adam Smith y su laissez faire. La frase “laissez faire, laissez” es una expresión francesa que significa “dejad hacer, dejad”, refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral, y mínima intervención de los gobiernos. Fue usada por primera vez por Jean-Claude Marie Vicent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía.

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Darwin y las barbas verdes

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verde2.JPGLas teorías de Darwin supusieron un hito en la biología. Sus ideas, de enorme alcance, han sido una fuente de discusión durante muchos años, y aún hoy se investiga constantemente en determinados aspectos. Uno de los más problemáticos es ¿cómo explicar el comportamiento cooperativo de los animales? El problema surge a la hora de explicar el siguiente fenómeno: en una sociedad de “altruistas”, los “timadores” (aquellos que se esfuerzan poco por los demás pero se aprovechan de los esfuerzos del resto) tendrían ventaja evolutiva, ya que el balance de costes energéticos y beneficios sería más favorable que en el caso de los “altruistas”.

Muchas generaciones de biólogos han dado vueltas al asunto. Una teoría bastante potente es la de las “barbas verdes”. La teoría de las “barbas verdes” asume que los “altruistas” son capaces de reconocerse unos a otros, mediante alguna señal patente para ellos (no necesariamente una barba verde, que no es más que una metáfora). Según esta teoría los “altruistas” solo cooperarían entre ellos, de modo que los “timadores” no obtendrían ventaja alguna de ellos. Sin embargo el siguiente tropiezo es: en una población con individuos de barba verde, aparecerían (por azar) algunos “timadores” (¡con barba verde!), que los “altruistas” no podrían identificar y, por tanto, que obtendrían ventaja evolutiva.

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