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Un simple pelo en un plato de sopa puede ser suficiente para que dejemos de comer y llamemos al camarero airadamente. Sin embargo, ¿un pelo en la comida (sea propio o ajeno) puede representar un riesgo para la salud?
Pues en absoluto. De hecho, un pelo en la comida es algo tan inocuo que incluso la Agencia de Drogas y Alimentos (ADA) ni siquiera ha especificado un límite de pelos admisible en un plato en sus directrices de códigos alimentarios. Y es que la ADA aún no ha recibido ningún reporte de persona que haya enfermado por ingerir un pelo, por mucho asco que nos dé.
Y es que un pelo, en realidad, solo está compuesto por proteínas densamente distribuidas, llamadas queratina. Es posible que los estafilococos (que pueden provocar diarrea o indisponer el estómago) se cuelen en un mechón de pelo, en efecto, pero es muy improbable que una cantidad tan minúscula sea suficiente para provocar problemas gastrointestinales.
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