Creemos que las ideas surgen del simple runrún de nuestra cabeza. Sin embargo, hay elementos coadyuvantes tanto dentro como fuera de nuestra cabeza, estímulos que pueden permitirnos alcanzar ideas más nuevas de una forma inédita hasta el momento.
Según Eric Havelock, experto en lenguas clásicas, y David Olson, psicólogo, el alfabeto sería uno de estos elementos que estimularían nuestro magín. Su retadora hipótesis es que la eficacia del alfabeto griego condujo a una transformación sin parangón del pensamiento humano.
Al liberar a la gente de una tradición verbal, la eficacia del alfabeto nos permitió liberarnos también de restricciones como la memorización o las estrategias metacognitivas para conservar la cultura oral.

Leer es una actividad muy propia del ser humano actual, pero es relativamente reciente. El posar nuestros ojos sobre pulpa de árbol prensada y manchada por miles de insectos de tinta tiene muy poco de natural.