A menudo, cuando se enfrentan ciencia y religión, indudablemente apostamos por la ciencia porque, esencialmente, se basa en la premisa de que el conocimiento es falible y acumulativo y se enriquece con evidencias diversas, no con autoridades o libros únicos. Sin embargo, si bien la disciplina científica es epistemológicamente más sólida a cualquier otra clase de conocimiento, los científicos no siempre se comportan con arreglo a sus normas.
Y entonces la ciencia puede llegar a ser casi como una secta.
Un desafortunado ejemplo de ello ocurrió cuando el astrofísico S. Chandrasekar, siendo un adolescente, desarrolló una sorprendente teoría de la degeneración estelar. Mientras que las estrellas cuya masa crítica era inferior a una cantidad dada podían convertirse en enanas blancas, las de mayor masa mostraban, por el contrario, una degeneración relativista y pasaban, tras “implotar”, a un estado absolutamente distinto.

Un estudio que aparecerá publicado en la revista especializada Physical Review Letters (puede leerse un resumen del mismo en el archivo científico
De nuevo la comunidad científica se ha visto desbordada por el descubrimiento de un nuevo fenómeno astronómico sin precedentes: un objeto desconocido en la galaxia M82 ha comenzado a enviar ondas de radio, y la emisión no se parece a nada que se haya visto antes en el Universo, dejando atónitos a los astrofísicos la red