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Ser adicto a Internet te cambia el cerebro

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internet_addiction.jpgHace unos días os hablaba largo y tendido de cómo una actividad como la lectura era capaz de modificar nuestro cerebro mucho más de lo que sospechábamos, hasta el punto de que había diferencias sustanciales entre personas lectoras y no lectoras. De hecho, a ojo cubero, ese artículo os interesó tanto que creo que fue uno de los artículos máss twitteado y facebookeado de todo Xataka Ciencia: más de 1.700 tweets y más de 6.000 Me gusta en Facebook.

Por ello hoy vamos a hablar cómo la adicción a otra actividad, en este caso el uso de Internet, puede estar asociada con una estructura anormal de la sustancia blanca del cerebro (el conjutno de fibras que ocupa casi la mitad de nuestro cerebro).

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¿La sal es como la cocaína?

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sal.jpgSiguiendo la línea abierta por Las patatas fritas pueden ser tan adictivas como la marihuana, hoy vamos a comprar la sal con la cocaína. Y no sólo porque ambas parezcan un polvo blanco.

El apetito por la sal es un instinto ancestral muy importante para la supervivencia: la capacidad de compensar rápidamente las necesidades de sodio del organismo lamiendo una solución con alto contenido en sal puede resultar crucial en muchas circunstancias. Y ahora, un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Duke y de la Universidad de Melbourne ha constatado que las drogas adictivas como la cocaína o la heroína activan las mismas células nerviosas y conexiones cerebrales.

Derek Denton, coautor del trabajo:

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Las patatas fritas pueden ser tan adictivas como la marihuana

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Un grupo de investigadores italianos y estadounidenses del Instituto Italiano de Tecnología de Génova en colaboración con la Universidad de California en Irvine ha descubierto por qué las comidas grasas producen tanta satisfacción y por qué es muy difícil dejar de comerlas, como si fueran una droga, según el estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

La prueba del siete la podéis llevar a cabo ahora mismo (no vale haber desayunado ya copiosamente). Cogéis una bolsa de patatas, la abrís e intentáis comer solamente una de ellas. ¿Duro verdad? Algo os impulsaré a comer otra, y otra, y otra más. Incluso es posible que os ventiléis la bolsa entera. El estoicismo y la fuerza de voluntad se debería medir por esta clase de parámetros.

No en vano, cuando una sustancia grasa es ingerida, genera una señal que viaja primero al cerebro y sucesivamente atraviesa el nervio vago, llega al intestino y estimula la producción de endocannabinoides en el intestino, llamadas así porque tienen efectos similares a los cannabinoides que presenta la marihuana.

Daniele Piomelli, director del Departamento de Drug Discovery del ITT:

En términos evolutivos, el hombre comía grasas para sobrevivir, ya que son una gran fuente de energía, pero en la actualidad no es necesaria la ingesta abundante de estas para vivir.

Esto también ocurre con otros alimentos ricos en grasas, sobre todo con la llamada “comida basura”, lo cual nos permite entender un poco mejor el problema epidemiológico de obesidad que viven países como Estados Unidos (ya me imaginaba yo que Ronald Mcdonald, con esa pinta, sólo podía ser un yonqui).

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[Libros que nos inspiran] 'Historia general de las drogas', de Antonio Escohotado

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drogas.jpgCualquiera que pretenda hablar de drogas con cierto fundamento debería haber leído antes este libro. Está considerado uno de los libros más importantes a nivel internacional sobre el estudio multidisciplinar de las drogas. Y en gran parte fue escrito en la cárcel por su autor, condenado por tráfico de drogas.

En primer lugar, Historia general de las drogas, de Antonio Escohotado, sirve para aclarar muchas preguntas turbias. ¿Qué sucede con el asunto de las drogas que produce tanta alarma? ¿Por qué la mayoría de gente usa la palabra “droga” para referirse negativamente a todo un conjunto de sustancias que poco se parecen entre sí y que, por definición, englobarían muchos medicamentos, actividades e incluso el pis de gato?

La circulación de cualquier proteína cerebral con poderes euforizantes provoca una inmediata respuesta represiva, aunque su toxicidad sea inferior al de la patata, no cree dependencia y carezca de estigma social previo. Sin embargo, farisaicamente, ciertas sustancias seguirán considerándose medicinas decentes y artículos de alimentación a pesar de que, a la luz de los análisis científicos, sean potencialmente más peligrosas. ¿Nos imaginamos un mundo en el que hasta el café y los aguardientes también sean racionados?

Como dije, la obra está considerada como la más importante y ambiciosa sobre la fenomenología de las drogas. Un libro enorme (tres volúmenes en un solo tomo), que completa el enfoque histórico con el fenomenológico, mediante un Apéndice que examina las principales drogas descubiertas, tanto lícitas como ilícitas. Un libro erudito, riguroso, documentadísimo, con más de 1500 páginas y 5 kilogramos de peso, con 300 imágenes en color y blanco y negro, con una bibliografía que apabulla y un sistema completamente inédito de referencias para facilitar la consulta. Un libro escrito mientras su autor cumplía pena en la cárcel por una injusta condena por tráfico de drogas. Lo cual aureola de cierto romanticismo este grandioso mamotreto.

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¿Por qué nos atraen tanto los giros de argumento de ‘Perdidos’?

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El director de cine M. Night Shyamalan ha basado parte del éxito de sus películas en esos finales sorpresa, esos giros de tuerca que todo lo cambian y enriquecen. Si os explicara el final de El bosque, de El protegido o de El sexto sentido, probablemente os estropearía la película. Pero no voy a revelar spoilers, tranquilos.

Del mismo modo, si series como Perdidos, Heroes o la reciente Flashforward gozan de tan buenas audiencias es, en gran parte, porque recurren al ejercicio del cliffhanger (dejar al espectador colgado al final de un capítulo, a la espera del siguiente) y de los giros de tuerca que todo lo redimensionan. Las telenovelas también fundan su éxito en este sistema, llegando hasta límites grotescos.

Pero ¿cuáles son las bases neurológicas que nos inducen a engancharnos a esta clase de artificios? ¿Por qué nos gusta que nos sorprendan y nos descoloquen?

Todo se debe a la dopamina.

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