Pero, en fin, todos tenemos debilidades. Al igual que es natural que nos dejemos llevar por la fe irracional, también es natural que nos enojemos o nos sintamos profundamente frustrados al encontrarnos frente a una persona que no piensa lúcidamente, repitiendo los mismos lugares comunes de todos los que se dejan guiar por las pseudociencias. Y además resulta de todo punto desesperanzador tratar de convencer de que no piensa lúcidamente a alguien que no piensa lúcidamente.
Así que acabamos tratándole como una criatura inferior, disminuida psíquica e intelectualmente. Y aquí acaba la diplomacia para transformarse en agresión: tal vez sea una persona inferior intelectualmente, pero ¿qué queremos conseguir exactamente menospreciando sus creencias? ¿Aumentar nuestro ego? ¿Disminuir el suyo? ¿Ganar una discusión? ¿Desahogarnos?
Lo sé porque yo también lo hago, incluso recuerdo algún que otro artículo en Genciencia en que se me ha calentado la tecla. Pido disculpas por él. Pero al igual que la fe irracional nace del miedo y del escaso adiestramiento en los procelosos caminos del escepticismo, el rechazo que manifesté entonces hacia la fe irracional nació en mí por la frustración y el rechazo hacia una serie de prácticas que prosperan en el mundo y que funcionan como estafas (en el mejor de los casos) o como fuentes de sufrimiento o lastres del progreso (en el peor).
Pero convencer a alguien de que está equivocado poco tiene que ver con ganar una discusión.

La fe racional consiste en calificar como altamente probable la información que uno recibe. Por ejemplo, tengo una fe racional en que, al encender mi televisión, ésta no explotará, matándome en el acto.
Las pseudociencias, en esencia, son ciencias que se consideran como tal sin pasar los suficientes controles de calidad: sus pruebas son escasas o deficitarias y no se contrastan lo suficiente, se basan mayormente en testimonios y fundan su eficacia en el simple hecho de que parecen funcionar en un número elevado de personas (o un número elevado de personas creen en su funcionamiento).
Habida cuenta del éxito que cosechó el artículo
Estaba desayunando esta mañana y me he encontrado