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Las pirámides chinas (II): historia de un presunto descubrimiento

Las pirámides chinas (II): historia de un presunto descubrimiento
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La primera vez que un occidental vislumbró una pirámide china fue a finales de la Segunda Guerra Mundial. James Gaussman, piloto de la US Air Force, estaba cumpliendo una misión de abastecimiento de víveres y provisiones para las fuerzas del ejército chino. Su avión tuvo un problema mecánico y se vio obligado a regresar a su base en Assam, en el norte de la India.

El viaje de regreso, sin embargo, lo realizó Gaussman a baja altitud, por cuestiones de seguridad. Al dejar atrás la ciudad de Xi´an, se quedó boquiabierto al contemplar una pirámide de proporciones colosales, la llamada Gran Pirámide Blanca. Gaussman viró y realizó varias pasadas para asegurarse de lo que estaba viendo. La pirámide estaba allí, oculta entre la fronda, levantándose hacia el cielo como un templo antiquísimo. Para que no le tomaran por loco, inmortalizó el lugar con varias fotografías aéreas que, acompañadas de un detallado informe, entregó a sus superiores nada más aterrizar en la base área de Assam.

Sorprendentemente, los militares no dieron demasiada importancia a la pirámide: estaba más interesados en los carros blindados que en las implicaciones arqueológicas de una obra arquitectónica como aquélla.

40 años después, un escritor australiano llamado Brian Crowley publicó las fotografías de Gaussman en uno de sus libros e hizo famosa la pirámide, aunque no hay suficiente evidencia para suponer que la anécdota de Gaussman sea cierta.

Lo que sí es seguro es que existen unos templos que ningún experto ha podido estudiar de cerca. Como si fueran pirámides marcianas o algo así. Por ejemplo, el New York Times, en marzo de 1947, hizo también referencia a otro avistamiento de una de estas pirámides por parte del coronel Maurice Sheehan desde su avión (en esta ocasión, un testimonio mucho más creíble). Pero solo podemos fiarnos de sus palabras: que sobrevoló una pirámide de 300 metros de altitud y con lados de 450 metros. Si estas palabras fueran ciertas, la pirámide sería el triple de grande que la Gran Pirámide de Giza. Si fueran ciertas, insisto.

Además de otros muchos testimonios de pilotos, exploradores y comerciantes sobre la existencia de no solo ésta pirámide colosal sino de muchas otras, también existen fotografías realizadas más recientemente por satélites espías americanos.

Sin embargo, el gobierno chino siempre ha negado la existencia de estos templos. Y la arqueología todavía no es capaz de datarlos, aunque se cree que fueron levantados durante el siglo III a.C., durante el tiránico reinado del emperador Shi Huang-Ti de la Dinastía Qin, apodado El Emperador Amarillo, pues durante su gobierno fueron también edificadas las mayores construcciones de la historia china: la Gran Muralla y el Ejército de Terracota de 8.000 estatuas humanas. El propósito de estos majestuosos edificios sería el de albergar los restos de la corte imperial. Según antiguos documentos chinos, el emperador acondicionó una de las pirámides de tal forma que ésta fuese una réplica exacta del territorio chino: por ejemplo, mediante ingenios mecánicos, por toda la base de la pirámide circularían los ríos del país, que estarían hechos de mercurio, y las estrellas del cielo estarían representadas en la bóveda mediante un superficie de cobre repujado tachonada de incrustaciones de joyas, para que las lámparas les arrancaran destellos.

Esta dejación gubernamental está provocando que uno de los patrimonios más asombrosos y desconocidos de la humanidad se esté deteriorando a pasos agigantados, como muestran las fotografías y filmaciones más detalladas de, por ejemplo, la Gran Pirámide Blanca, obtenidas subrepticiamente en 1994 por el investigador alemán Hartwig Hausdorf, arriesgando su propia vida ante la amenaza de las fuerzas militares chinas.

Por fin, en el año 2000, el régimen chino asumió lo que ya era un secreto a voces: que existían unas 400 pirámides en la región de Shanxi, al norte de Xi´an, y que muchas de ellas presentaban un grado de deterioro preocupante debido a la falta de mantenimiento; algunas, incluso, se hallaban a punto de derrumbarse.

Sin embargo, algunas medidas físicas divulgadas de muchas de las pirámides se habían exagerado, ya que la mayoría de ellas son mucho más pequeñas. Todo y así, a la hora de mencionar la mayor estructura de la tierra fabricada por el hombre olvidaos ya de la Gran Pirámide. Y, bueno, también de las pirámides chinas o de la Gran Muralla, que por cierto no es el único objeto no natural visible desde el espacio, como se cree habitualmente (es muy larga pero muy estrecha, solo tiene 6 metros de ancho, así que el ojo no puede captarla). Si queréis ver cosas artificiales desde el espacio, echad un vistazo a los pólders o tierras ganadas al mar de Holanda. O a la que realmente es la mayor estructura humana, aunque no tenga mucho glamour: Fresh Kills, el vertedero de Staten Island, en Nueva York. Inaugurado en 1948, abarca 12 kilómetros cuadrados. Cuando estaba operativo recibía 20 barcazas diarias con 650 toneladas de basura cada una.

El montículo de detritus de Fresh Kills llegó a medir 25 metros más que la estatua de la Libertad. Pero en 2001 fue clausurado debido a las protestas de la gente y de los grupos ecologistas. Poco después, sin embargo, fue reabierto para alojar la inmensa cantidad de restos acumulados por la destrucción del World Trade Center.

Sigue en: Las pirámides chinas (y III): una pirámide de lujo

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