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Las pirámides chinas (I): ¿mejores que las pirámides de Egipto?

Las pirámides chinas (I): ¿mejores que las pirámides de Egipto?
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Oriente es un lugar poco conocido en general, y no solo porque en occidente solemos creer que lo más grande, lo más original y lo más bello está exclusivamente en nuestro lado del mundo, sino porque a nivel arqueológico aún es una zona poco explorada. Por esa razón, las pirámides chinas podrían ser más fabulosas que la Gran Pirámide de Giza.

Es cierto que a las pirámides egipcias se le han adjudicado muchas otros prodigios, además de su evidente tamaño colosal. Por ejemplo, que sus medidas tienen profundas implicaciones numerológicas. Tal como refiere Mario Livio en su libro La proporción áurea, la pirámide puede parecer que cumple unas medidas de algún modo trascendentes. Obviando las falsificaciones de los resultados obtenidos por algunos arqueólogos y amigos de lo paranormal, en la pirámide es innegable cierta obsesión pitagórica por el número 5.

Porque la pirámide, por supuesto, tiene 5 esquinas y 5 lados (contando la base). Que el codo sagrado tenía unas 25 (5 al cuadrado) pulgadas (o, para ser exactos, 25 pulgadas de la pirámide). Que la pulgada de la pirámide era 500 millones de veces el eje polar de la Tierra. Y así en sucesivamente. Pero Mario Livio añade a continuación un divertido ejemplo que el escritor Martin Gardner incluía en su obra Fads and Fallacies in the Name of Science, a fin de demostrar la absurdidad de esta clase de análisis presuntamente trascendentes:

Si uno busca los datos del Monumento a Washington en el World Alamanac, encontrará numerosas referencias al 5. Su altura es de 555 pies y 5 pulgadas. La base tiene 55 pies cuadrados y las ventanas están situadas a 500 pies de la base. Si multiplicamos la base por 60 (o 5 veces el número de meses del año) obtendremos 3.300, el peso exacto en libras de la piedra que corona el edificio. Además, la palabra “Washington” tiene exactamente diez letras (dos veces cinco). Y si multiplicamos el peso de la piedra que corona el edificio por la base del mismo, el resultado es 181.500, una aproximación bastante precisa de la velocidad de la luz en millas por segundo.

El matemático John Allen Paulos hace algo parecido en su libro Elogio de la irreligión mencionando el caso del astrónomo holandés Cornelis de Jager, que propuso una teoría sobre las propiedades metafísicas de las bicicletas holandesas:

De Jager, entusiasta de la bici, encontró que el cuadrado del diámetro del pedal de su bicicleta multiplicado por la raíz cuadrada del producto de los diámetros del timbre y del faro daba 1836, que es la razón entre las masas del protón y del electrón. Dicho sea de paso, la razón entre las alturas de la torre Sears de Chicago y el edificio Woolworth de Nueva York comparte las mismas cuatro primeras cifras significativas (1,836).

En otras palabras: las pirámides egipcias no son especiales en nada que se haya podido comprobar aún. Al menos no son más especiales que las pirámides chinas. Entonces ¿por qué todo el mundo habla de las pirámides egipcias y no de las chinas?

Eso lo veremos en la próxima entrega de esta serie de artículos sobre las pirámides chinas.

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