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La Casa de la Sabiduría de Bagdad

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Hay lugares que son capaces de cambiar la historia del conocimiento. Epicentros en los que confluyen mentes brillantes y que viven a una velocidad cognitiva mucho más rápida que la del resto del mundo. Algo así como puertas al futuro. Un mercado en el que las ideas corren libres, sin mordazas ni patentes, y se mezclan unas con otras, en perfecto mestizaje, hasta generar cosas que nadie ha visto antes.

Uno de los lugares de esta naturaleza, probablemente uno de los menos conocidos, es la Casa de la Sabiduría.

Este lugar nació en el mundo islámico, cuando los gobernantes creaban vínculos intelectuales por decreto imperial. Estaba situado en Bagdad, a unos 80 km al norte de la antigua Babilonia, y allí empezaron a coleccionar, literalmente, mentes brillantes. No en vano, aquí se fundó el álgebra, o se escribió uno de los primeros tratados de ecología.

La llamada Casa de la Sabiduría fue una suerte de instituto de investigación cuya primera tarea era importar el conocimiento universal y traducirlo al árabe, convirtiendo a Bagdad en el centro intelectual de Oriente Medio y posiblemente del mundo entero, tal y como explica Edward Glaeser en su libro El triunfo de las ciudades:

Allí los eruditos tradujeron, entre otras muchas obras, los Aforismos de Hipócrates, la República de Platón, la Física de Aristóteles, el Antiguo Testamento y el Sindhind, un compendio del saber matemático hindú. A comienzos del siglo IX, Al-Khwarizmi se inspiró en el Sindhind para fundar el álgebra, al que dio nombre. Al-Khwarizmi también introdujo las cifras indias en el mundo árabe. El filósofo Yusuf al-Kindi escribió uno de los primeros tratados de ecología, y logró hacer compatible la filosofía griega y la teología islámica.

Al igual que las demás bibliotecas de Bagdad, la Casa de la sabiduría fue destruida durante el sitio de Bagdad, en 1258, a cargo de los mongoles. Cerca de 400.000 manuscritos fueros rescatados por Nasir al-Din al-Tusi antes del sitio, y llevados a Maragheh.

Quizá sin esta escuela del saber no hubieran llegado a nuestras manos algunos de los textos más valiosos de la Historia.

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