Granjas subterráneas

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Ya existen granjas bajo tierra. Algo que resulta extraño, porque se supone que los cultivos necesitan los rayos del sol para realizar la fotosíntesis, y bajo la superficie sólo hay tenebrosa oscuridad.

En Tokio, debido a la escasez de espacio que supone vivir en una isla pequeña, han resuelto el problema. Sólo el 0,9 % del territorio nipón está orientado de manera permanente a tareas agrícolas, sobre todo al cultivo de arroz.

Pero los japoneses que echan de menos los cultivos y tienen la posibilidad de pagar unos 300 dólares, pueden disfrutar de pequeños terrenos habilitados en la azotea del complejo comercial Namba Parks en Osaka, al oeste de Tokio, una parcela de 6 metros cuadrados por usuario en el que se pueden cultivar verduras bajo la supervisión de técnicos del centro. Para muchos es una forma de escamotear el estrés diario.

La forma más original de obtener terrenos para cultivos, sin embargo, consiste en buscar espacio bajo el asfalto. Enterrando las granjas, entonces, pueden permitirse recuperar las anchas extensiones de tierra que se usan para los cultivos a fin de levantar más edificios llenos de viviendas o esos hoteles cápsula que son la extrapolación habitacional de los nichos en los que nosotros enterramos a los muertos. Además, el suelo volcánico de Japón tampoco ha sido nunca demasiado fértil.

Así pues, para conseguir que los cultivos subsistan sin el sol, los japoneses se han valido de los últimos adelantos tecnológicos. Mediante diversos tipos de iluminación, han logrado que las plantas crezcan normalmente. Como si hubieran construido una gran instalación de rayos UVA para “broncear” al mundo vegetal.

Para las flores, funcionan los LEDs (diodos emisores de luz). Para las frutas y verduras, las lámparas de vapor de sodio, que son las que mejor imitan los beneficios de la luz solar en las plantas. Un sofisticado sistema informático, a su vez, gestiona y verifica al punto los niveles de hidratación y de dióxido de carbono del lugar a fin de obtener los mejores resultados. El fertilizante se aplica en forma de aerosol.

Un ejemplo de estas granjas subterráneas que dan frutos sin la necesidad del sol es la de Pasona O2, que ha sido instalada en un área de aproximadamente un kilómetro cuadrado que antiguamente servía como cámara acorazada del banco Resona, del distrito de oficinas de Otemachi. Dividida por sectores, allí se cultivan desde lechugas y tomates hasta frutas de baya. Todo se parece a un gran hipermercado en cuyos anaqueles nacen y crecen los productos.

La agricultura, una de las actividades más marginales en los países desarrollados, enterrada bajo tierra a fin de que la creciente densidad demográfica de Tokio siga encajonándose en interminables edificios de acero y cristal.

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