A menudo, todos nosotros somos víctimas de argumentos de autoridad: defender algo como verdadero porque quien lo afirma tiene autoridad en la materia. Es quizá una de las falacias lógicas más comunes, y resulta muy difícil de diferenciar su buen uso (cuando depositamos nuestra confianza como legos en una materia en un experto, como por ejemplo un abogado) de su mal uso (cuando nuestro único argumento válido para defender algo estriba en lo que dice un experto).
Además, nuestro cerebro es muy permeable a la hora de adjudicar más o menos importancia a lo que diga alguien según su nivel de estudios o su CV. Es lo que se denomina efecto doctor Fox.
Para probar este poderoso efecto, en la década de 1970 Donald Naftulin y sus colegas de la Universidad del Sur de California presentaron una conferencia que carecía de sentido sobre la relación existente entre las matemáticas y el comportamiento humano, solicitando luego a un actor que presentara la conferencia en un congreso sobre temas pedagógicos. Finalmente, si pidió la opinión sobre la conferencia al público asistente, integrado por psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales.
Lo que hizo Naftulin, sin embargo, fue presentar al actor como el doctor Myron L. Fox e hizo un breve repeaso a su espectacular currículum académico (aunque fuera falso). La conferencia no tenía demasiado sentido y estaba jalonado de dobles sentidos, evasivas, neologismos, incongruencias y declaraciones contradictoria, sin embargo, el 85 % del público indicó que el material expuesto por el doctor Fox estaba bien organizado; el 70 % elogió su buen uso de los ejemplos y casi el 95 % encontró la conferencia inspiradora.
Obviamente, este efecto se produce con mayor frecuencia en las disciplinas que resultan más complicadas o de las que ignoramos más (es decir, las ciencias blandas como la psicología, la sociología, la antropología, etc.) que en disciplinas como física o química. Ya no digamos en ámbitos como la literatura, la historia o la filosofía. Un buen ejemplo de ello fue el caso de Social Text, en la que un físico, Alan Sokal, consiguió colar en una revista intelectual de referencia un artículo rimbombante sin sentido que fue alabado por la elite intelectual de Francia.
Comentarios
¿Se puede aplicar la falacia de autoridad en campos no científicos?
Si, se trata de algo social y por tanto no depende del tema.
No estoy de acuerdo. El principio de autoridad (es un principio, no una falacia) es aplicable sólo cuando la autoridad de que se trate sepa con absoluta seguridad aquéllo de que se trate. Te aseguro que tengo perfecta autoridad para asegurarte que 2+2 = 4 sin necesidad de demostrártelo. También Nadal tiene autoridad para decirte por qué fallas los golpes cuando juegas al tenis, sin necesidad de demostrártelo con mecánica analítica.
-- editado por última vez a las 08:49
Lo escribo aquí que no me ha dejado editar. Lo que quiero decir es que el principio de autoridad no tiene cabida en aquéllas cosas que siguen el método científico, pero no todo sigue el método científico.
-- editado por última vez a las 08:50
Pues depende. Obviamente es más difícil cuántos más conocimientos científicos tengas, pero no imposible.
A nivel científico, yo personalmente en la universidad, he estudiado algunos teoremas cuyas demostraciones no he comprobado dando por hecho que el profesor me contaba la verdad. Podría no haberlo hecho. Si ese mismo teorema me lo cuenta alguien por la calle que no conozco de nada dudaría bastante.
Respecto a Nadal, él te puede contar por qué fallas los golpes sin ser cierto científicamente. Un ejemplo tonto sería que él te dijese que fallas porque en vez de pantalones cortos usas pantalones largos. Seguro que hay mucha gente que le creería.
En mi opinión, cualquier tema es susceptible de los argumentos de autoridad, sea un tema científico o no. Como dije, en general en cualquier tema.
Si Nadal te dice eso lo estará haciendo a mala fé. Suponiendo que no hay mala fé, él te podría decir en qué falla tu juego, luego es una autoridad en la materia, y podrías creer en lo que te dice sin plantearte nada más.
En cuanto a lo de los teoremas, pues sí, es imposible demostrar todos los teoremas que uno estudia o utiliza. En algún sitio hay que parar y tener confianza en el sistema (revisión por parte de otros matemáticos/científicos), porque si no la eficiencia científica tendería a cero. Pero eso no significa, por ejemplo, que porque hagan reiki en los hospitales, el reiki cure. Ahí es donde el principio de autoridad no es aplicable: si un médico cree en el reiki es porque cree que funcionan cosas que él desconoce (energías, empatía o lo que sea), por lo que no es una autoridad en la materia (no conoce todo al respecto), aunque lo sea en su campo de especialización.
Una vez que se traspasa la línea que separa "lo que sabemos" de "lo que creemos", es cuando el principio de autoridad no tiene sentido.
En ese caso dependería únicamente de los conocimientos que tiene la persona, y no del tema.
Por tanto, mi primer comentario sigue siendo cierto, no depende del tema. Ambos estamos diciendo cosas distintas no exclusivas entre sí.
Aunque por otra parte, nadie sabe todo sobre algún tema concreto, y siempre está basado en algo que alguien te ha enseñado antes.
¿Un argumento de autoridad no es aceptar un argumento porque te lo ha dicho alguien que tú crees con conocimientos suficientes? Todo el aprendizaje se basa en eso, y el argumento no tiene por qué no ser cierto, solo que lo aceptas sin preocuparte. Y se da en todas las ramas. Uno aprende ciencia en función de algo que le han explicado y da por hecho, y lo mismo pasa con temas no científicos. Yo acepto lo que me explican los profesores y libros de historia porque confío en que dicen la verdad.
Bueno, supongo que hay que tirar de "instinto" para saber cuándo el principio de autoridad es aplicable. Por eso no forma parte del método científico. De ahí que haya conceptos como el de "consenso científico". Échale un vistazo en wikipedia a ver qué te parece.
En cualquier campo es válido, sobre todo con los políticos.
Buen artículo.
Sobretodo me ha gustado la parte en que dan a la masa intelectoide francesa un poco de su propia medicina proselitista y snob.
Me compraré Imposturas Intelectuales, en parte para poder leer el artículo y los comentarios.
Un saludo.
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