¿Por qué el feminismo podría entorpecer el progreso de la ciencia? (y II)

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3- Despreciar los resultados del estudio como tendenciosos por influencia de los prejuicios de los investigadores, todos ellos machistas recalcitrantes. Y tal vez sea verdad: tal vez esos investigadores sean machistas, o incluso cosas mucho peores (los científicos también son humanos y con defectos). No obstante, los críticos han de ser capaces de encontrar el fallo por el cual dichos prejuicios del científico han distorsionado el resultado del estudio: no basta con demostrar que el científico es machista.

Es mucho más fácil despreciar las estadísticas como si fueran simplemente una herramienta para manipular los datos (lógicamente, los críticos de estas estadísticas aceptarán otras distintas para sostener los datos que les convienen). Y todo ello sin entrar o comprender los enrevesados detalles de los datos y su interpretación.

Como apunta el físico Alan Sokal, seguir esta actitud de desprecio o constructivismo radical “sería un ácido universal que atacaría también las pretensiones de quienes lo aplican”.

Todo esto no significa, insisto, que las críticas feministas no deban tenerse en cuenta. Pero éstas, al igual que las críticas de cualquier otro tipo, deberían ser rigurosas y evitar la demagogia y el apasionamiento a fin de no tropezar en lo que denunciaba Francis Bacon. Ello podría costarnos que determinados estudios no se realicen, o peor aún: que no se puedan publicar abiertamente por miedo a enfadar al políticamente correcto.

Y por si acaso alguien pudiera sentirse ofendido por este artículo, transcribo las palabras que Salman Rushdie (alguien que sabe lo que es que te persigan por lo que piensas) escribió en 2005:

En la Universidad de Cambridge me enseñaron un loable método de argumentación: nunca personalices, pero no tengas el más mínimo respeto a las opiniones de la gente. Nunca seas rudo con la persona, pero sé brutalmente rudo con lo que la persona piensa. Esta distinción me parece fundamental: hay que poner a las personas a cubierto de toda discriminación por motivos de raza, pero no puedes poner una valla protectora en torno a sus ideas. En el momento en que digas que un sistema de ideas es sagrado, ya sea un sistema creencias religiosas o una ideología laica, en el momento en que declares que un conjunto de ideas han de quedar a salvo de toda crítica, sátira, burla o desprecio, la libertad de pensamiento se hace imposible.

Vía | Más allá de las imposturas intelectuales de Alan Sokal

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