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El internet de las cosas llega a los museos: una exposición sobre Big Data

El internet de las cosas llega a los museos: una exposición sobre Big Data
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De manera imperceptible, los datos se han convertido en la nueva gran fuente de riqueza del planeta. Gracias al estallido de las nuevas tecnologías durante el último lustro, generar, interpretar, almacenar y utilizar datos son herramientas claves hoy para analizar tendencias de consumo, de voto, de movimiento o incluso emocionales. ¿Qué infraestructura sirve de soporte a la ingente cantidad de datos que producimos hoy en día a lo largo y ancho del mundo? ¿De qué modo el Big Data está moldeando nuestra realidad informativa, social y científica? ¿Qué nos cuentan, en realidad todos esos datos?

Big Bang Data, la nueva exposición organizada por la Fundación Telefónica, responde a todas esas preguntas. A través de un recorrido por diferentes instalaciones, proyecciones y obras de distinto calado, Big Bang Data analiza de forma visual e informativa el impacto que el ingente nuevo flujo de información está teniendo en nuestras vidas. Inaugurada el pasado 14 de marzo en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, la exposición estará abierta hasta el próximo 24 de mayo. ¿Qué podremos encontrar en ella?

Datificación: generamos más datos que nunca

Utilizar un GPS, abrir Foursquare o subir una fotografía a Instagram son pequeñas acciones de nuestro día a día donde, en esencia, compartimos datos de forma casi universal. Durante los últimos cinco años, gracias a la proliferación de nuevas herramientas tecnológicas, vivimos un proceso de “datificación” de nuestro entorno. En esencia, la humanidad está generando más datos que nunca. Desde medir la calidad del aire o el estado de los mares hasta estudiar patrones de movimiento en el transporte de mercancías, allí donde haya vida existirá un objeto que genere datos. Thingful se sirve de todos ellos para presentar un gigantesco mapa del planeta tierra lleno de datos.

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Desarrollado por Umbrellium, es de forma literal “el internet de las cosas”: a través de Thingful, presente en la exposición Big Bang Data, se puede saber dónde están todos los puntos de aparcamiento de bicicletas públicas de tu ciudad, estaciones de predicción meteorológicas o hasta chips incorporados en animales domésticos para localizarlos con mayor facilidad. Toda esa información se superpone sobre un mapa satélite del planeta, al modo de Google Maps (pero con datos de todo tipo). Así, es posible dividir la información de Thingful en diferentes categorías, en función de a qué se dediquen esos objetos.

Se trata de medir de forma digital el latido del mundo, de representar a través de gráficos e imágenes el pulso de nuestro planeta. Si bien Thingful opta por generadores de datos estáticos, hay otras iniciativas, recogidas en la exposición, que miran hacia el movimiento. Además de la sociedad de la comunicación vivimos en la sociedad del movimiento: las personas se trasladan diariamente de una ciudad a otra, de un país a otro, en aviones o en trenes, generando tras de sí una estela de datos que facilitan comprender los patrones migratorios, de hábitos y de preferencias. ¿Demasiada información, quizá, idónea para controlar en exceso qué hacemos cada uno de nosotros? Veamos hasta qué punto.

En Big Bang Data es posible saber qué hace un turista chino desde que llega en avión a Madrid hasta que se marcha, gracias al seguimiento del consumo de datos de su dispositivo móvil. ¿Qué imagen ofrecería el volcado masivo de la información generada por los miles de turistas chinos que mensualmente aparecen por la capital española? A esa pregunta responde Turismo chino en Madrid, una vídeo de 51 segundos desarrollada por Telefónica I + D. En la misma línea, la pieza audiovisual Spring Spree nos enseña cómo funcionaron los flujos de compras en España durante la Semana Santa de 2011, pasando de restaurantes a supermercados y a tiendas en función de la hora del día.

Dar forma visual al latido del planeta no sólo es posible a través del arte audiovisual, sino también del gráfico. Ya hemos visto cómo el estudio de los datos en tiempo real o de movimiento son una parte central de Big Bang Data, pero nos hemos centrado en lo que hacen las personas. ¿Qué pasa cuando nos fijamos en, por ejemplo, las trazas de viento que cruzan en un día un país concreto? Wind Map, un mapa que se actualiza a cada hora en función de la información que obtiene del viento a lo largo de Estados Unidos. Un planteamiento parecido utiliza Aaron Koblin en Flight Patterns para generar este gráfico con los datos de todos los vuelos de Estados Unidos de un día de agosto de 2010.

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A través de Big Bang Data es muy sencillo hacerse una idea de cómo la obsesión por conocernos a nosotros mismos y mejorar la información de nuestro entorno ha traspasado todo límite histórico. A día de hoy hay pocas cosas en nuestro entorno que no estén “datificadas”. Pero si generamos tanta información, ¿a dónde va a parar? ¿Qué es de ella?

El almacenamiento de datos y el mito de “la nube”

En general, hemos asimilado como algo cierto y natural que hay un universo abstracto y poco definido donde todos los datos que creamos en este mundo hiper-medido. A ese lugar le hemos bautizado como “la nube”. ¿Existe? En Big Bang Data vas a descubrir que sí, pero que tiene un aspecto muy diferente al que habitualmente hemos otorgado espacio en nuestra imaginación.

Datificar el mundo se ha convertido en una acción sencilla. Lo complejo es guardar toda esa información. La infraestructura que rodea este proceso es el gran dark horse de toda esta historia, y lo es en gran medida porque quienes se dedican a ello optan por pasar desapercibidos. Pese a que almacenar toda la información del planeta implica de grandes instalaciones, plantas y edificios, es bastante complicado saber de ellos. Sobre este aspecto arroja luz Del secreto al monumento, la exposición de postales de José Luis Vicente, quien ha recopilado y expuesto en Big Bang Data una serie de edificios repartidos a lo largo y ancho del mundo que tras su apariencia normal y corriente esconden grandísimas máquinas informáticas que guardan de forma masiva todos los datos que creamos día a día.

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Uno de estos edificios está en España, de hecho. En concreto, en Alcalá de Henares (aparece en la imagen de arriba). Allí tiene Telefónica un data center del que en Big Bang Data podemos saber mucho más gracias a la instalación virtual y audiovisual de Timo Arnall. El artista recrea la infraestructura del interior del edificio, ofreciendo al espectador una espléndida herramienta para dotar de sentido físico, espacial y material a los lugares donde se almacenan millones de datos e interacciones en el mundo digital (cada vez más difuminado con el real).

De hecho, la infraestructura juega un papel importante en Big Bang Data del mismo modo que tiene un protagonismo crucial en nuestro universo cada vez más interconectado. Pese a la continua retórica que invita a pensar en el mundo digital como un ente abstracto y flotante, la geografía de la datificación tiene mucha importancia, y la industria que la sustenta es tan pesada como la mecanizada. No sólo hablamos de grandes naves donde se almacenan los datos (como la creada por Facebook recientemente en el norte de Suecia), sino de cables que tejen la red de redes, que van por debajo del agua y que facilitan la comunicación hasta extremos jamás imaginados. El mapa que dibujan en el océano también lo puedes conocer aquí, gracias al colectivo Telegeography.

Cómo interpretar el Big Data: de los orígenes al S. XXI

Como es lógico, todo este proceso también ha afectado al modo en que presentamos la información. Ya no manejamos un puñado de datos extraídos de estudios científicos u otras herramientas especializadas: ahora cada uno de nosotros somos de forma individual auténticas bases de datos en constante movimiento, generando más y más información. El Big Data hace imposible que las formas de representación tradicionales sirvan.

Big Bang Data también realiza un recorrido a lo largo de la historia de las infografías y de la representación de la información. Desde los primeros libros de Ramon Llull en los que intentaba esclarecer el orden de las artes y de las ciencias (siglos XIII y XIV) hasta los modernos gráficos generados con alta tecnología de la web Visualcomplexity.com, pasando por las primeras infografías de la historia (esquemáticos dibujos sobre flujos migratorios y campañas militares napoleónicas realizados por Charles Joseph Minard), entender la complejidad que nos rodea ha sido un arte tan bello como difícil. La exposición recopila algunos de estos ejemplos a través de réplicas de las obras originales.

Paralelamente, analizar cantidades masivas de información es una tarea específica en sí misma. En consecuencia, cada vez son más los expertos que se dedican a ello de forma integral, creando productos basados en el Big Data para el gran público (data-driven). En la exposición también se incluyen algunos ejemplos de cómo las investigaciones científicas o el análisis deportivo (a través del periodismo de datos) están cada vez más sumergidas en el mundo de la estadística a gran escala. Ejemplo de ello son tanto un test de tu DNI para acceder a tu mapa genético como la instalación gráfica Winning Fórmula, orientada al deporte para los análisis de rendimiento (ambas incluidas en el evento).

Nada escapa al Big Data: ni siquiera la Iglesia. Gracias a Prayer Companion, un pequeño y discreto dispositivo presente en Big Bang Data, la Universidad de Londres consiguió que un monasterio de York recibiera la información en tiempo real de conflictos humanitarios que merecían el rezo de las religiosas.

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Desde definir nuestra proyección social (lo que somos, lo que pensamos, lo que hacemos) a través de exposiciones fotográficas basadas en archivos subidos en un día en Flickr hasta gráficas que monitorizan las distintas tipologías de sexo que una pareja mantiene a lo largo de un año, el Big Data arroja luz estadística sobre nuestras propias vidas. A nivel emocional, individual, colectivo, ideológico, etcétera. En Big Bang Data podrás encontrar algunos ejemplos neutros o positivos de cómo el tratamiento masivo de información nos afecta en el día a día. Pero también de cómo puede tener consecuencias negativas.

Efectos positivos y negativos del Big Data

Como es lógico, la manipulación también afecta al Big Data. Como muestra Mentir con datos, una pieza audiovisual que consiste en distintas entrevistas a expertos en la materia, la información sigue siendo tan manipulable y moldeable como lo ha sido siempre. Que haya más no la hace más controlable, sino más bien al contrario. La exposición ha incluido del mismo modo Data Will Help Us, un manifiesto encargado por The New York Times a Jonathan Harris que advierte sobre los riesgos de la (mal)utilización del Big Data en la sociedad contemporánea y las precauciones que debemos tomar.

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No obstante, y a modo de despedida, Big Bang Data apuesta por una mirada positiva del tratamiento de datos en esta nueva realidad “datificada” del siglo XXI. ¿De qué nos sirve, en el fondo, todo lo expuesto hasta ahora? ¿Va a mejorar de algún modo el mundo en el que vivimos saber tanto sobre nosotros, como personas y como colectivo? Utilizados de forma correcta, puede conseguirlo. La información y los datos públicos pueden servir para que el votante o el público tome un papel activo en la interpretación de las políticas o de los productos que está consumiendo, exigiendo transparencia y mejorando la rendición de cuentas. En definitiva, haciéndonos ciudadanos mejor informados y más críticos.

Qué mejor modo de comprender cómo el Big Data nos ayuda a entender mejor el mundo, y por tanto a defendernos de sus peligros y a aprovechar sus ventajas, que todas las contribuciones cartográficas realizadas por los usuarios de Open Street Map de todo el mundo representadas en pavimento tras una gigante impresión gráfica. O softwares como El Indultómetro, de la Fundación Civio, que permite saber cuántos indultos se realizan en España. O Safecast.org, un dispositivo (y una pieza audiovisual en la exposición) que mide la radiación de los alrededores de Fukushima, central nuclear averiada tras el tsunami que afectó a Japón en 2011.

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Las luces, las sombras y, ante todo, el inmenso y excitante mundo de posibilidades que abre el Big Data queda resumido y expuesto con profundidad en Big Bang Data. Hay muchos rincones además de los ya citados aquí a descubrir en la exposición, siempre de la mano de expertos de la infografía y del arte multimedia que contribuyen a entender mejor los riesgos y las oportunidades que afrontamos colectivamente en plena sociedad “datificada”. En resumen, una divertidísima compilación de todas las implicaciones políticas, sociales y económicas de la revolución del Big Data. Nuestra revolución.

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