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¿Cómo se descubrió el efecto invernadero?

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John Tyndall era un científico victoriano célebre por sus conferencias en la Royal Institution de Londres. También se caracterizaba por diseñar unos experimentos muy hábiles, casi tanto como los que diseñaba su coetáneo Michael Faraday.

En uno de sus nuevos experimentos de 1859, Tyndall contó con una bomba de vacío, un largo tubo de latón taponado con sal en ambos extremos y un termómetro muy sensible. La idea era resolver el enigma, planteado treinta años antes, por Joseph Fourier. Esto es: cuánta energía solar llegaba a la Tierra y cuánta radiaba la Tierra al espacio.

Tal y como señala Tim Harford en su libro Adáptate:

Fourier había calculado que la radiación de la Tierra equilibraría el calor absorbido del Sol a una temperatura de 15 ºC. Pero se quedó pasmado porque, según sus minuciosos cálculos, el equilibrio real de energía suponía que la temperatura media del planeta habría de ser de 15 ºC bajo cero. En resumen, que el planeta debería ser una gigantesca bola de nieve.

Tyndall sospechaba que la razón de este enigma estribaba en que la atmósfera de nuestro planeta debía acumular el calor como un invernadero. Así que se dispuso a medir el efecto en su experimento: extrajo el aire del tubo de latón y le aplicó el termómetro, descubriendo que el vacío no absorbía el calor irradiado. A continuación añadió una mezcla de oxígeno y nitrógeno, los dos gases que, juntos, forman el 99 % de la atmósfera de la Tierra. Pero el resultado fue parecido. ¿Qué estaba fallando?

El problema estaba en la pureza del aire de Tyndall, porque la atmósfera de la Tierra contiene trazas de más gases, además del oxígeno y el nitrógeno. Hay un 0,4 por ciento de vapor de agua y un 0,04 por ciento de dióxido de carbono, además de argón y otros gases residuales. Tyndall, entonces, añadió a su experimento una pequeña cantidad de vapor de agua, metano y dióxido de carbono. Y entonces, finalmente, el calor radiado fue absorbido.

Según escribió:

comparando un solo átomo de oxígeno o nitrógeno con un solo átomo de vapor de agua, podemos inferir que la acción de este último es de 16 000 veces la de los primeros. Fue un resultado asombroso y, por supuesto, suscitó oposición.
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