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El sótano de las golondrinas

El sótano de las golondrinas
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El ser humano, en su intento de descender bajo la tierra, no ha llegado demasiado lejos. Por supuesto, debo omitir Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne. Desciende por el cráter del Snaefellsjökull cuando la sombra de Scartaris lo acaricie, antes de las calendas de julio, viajero audaz, y llegarás al centro de la Tierra, dice Verne. Lo cierto es que si os asomáis al Snaefellsjökull, no distinguiréis más que el fondo del volcán, poco más.

Sin embargo, bajo nuestros pies hay más vida que sobre la superficie del mundo. Algunos científicos estiman que podrían existir hasta 100 billones de toneladas de bacterias viviendo bajo nosotros, en lo que se conoce con el pomposo nombre de ecosistemas microbianos litoautótrofos subterráneos. Así que, a pesar de que Thomas Gold, de la Universidad de Cornell, ha calculado que todas las bacterias del interior del mundo se colocaran en la superficie se cubriría el planeta hasta una altura de 15 metros, apenas sabemos con certeza lo que hay allí abajo.

Por ejemplo, el abismo natural más profundo jamás encontrado, descubierto en 1966 en una enorme planicie de piedra caliza, es una cueva de la selva de San Luis Potosí, en México, con casi 400 metros de profundidad y 60 metros en sus partes más angostas. Es un pozo inmenso, casi vertical: en él cabría perfectamente el Empire State Building. Y también permite a una persona realizar un salto base sin paracaídas: en 12 segundos llegará al fondo sin peligro de chocar con las paredes.

Es el llamado sótano de las golondrinas, conocido así porque los vencejos, para abandonar el fondo de la cueva, vuelan en espiral, originando un espectáculo que corta el aliento, y al atardecer se lanzan por turnos en picado para regresar a la altura de sus nidos.

Este accidente orográfico fue descubierto en 1976 por un equipo de ornitólogos de la universidad de Texas, que estaban realizando un estudio detallado de las aves en las fosas de la Huasteca potosina. Dave Whitacre, Devi Ukrain y otros ornitólogos descubrieron en esta fosa un ejemplo más de la importancia que tienen tales fosas para las poblaciones de aves de la región, al proveerles en sus escarpadas paredes de refugio contra los predadores.

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