El LHC para tontos (IV)

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Estar en las entrañas donde se aloja el LHC es una experiencia casi mística que pude experimentar yo mismo hace un par de años, cuando tuve la oportunidad de viajar hasta allí en bicicleta.

Allí todo posee proporciones megalíticas. Por ejemplo, imaginaos estar en una de las cavernas principales, de hasta 35 metros de alto (lo equivalente a un edificio de 10 plantas), 30 de ancho y más de 50 de largo; todo un récord en el tipo de roca donde se ha excavado, la arenisca, que es una roca heterogénea.

Para ello se han empleado máquinas innovadoras como una enorme tuneladora de 100 metros de longitud que literalmente se come la tierra, con un diámetro de 3 o 4 metros, a una velocidad media de 30 metros al día.

En definitiva, un faraónico trabajo ininterrumpido de 24 horas al día en el que más de 450 personas trabajan desde 1999, donde todo se hace con tal precisión que hasta se tiene en cuenta la fuerza gravitacional de la luna, cuyas fases, según los ingenieros, podrían desplazar ligeramente las masas de tierra y provocar que fracasara todo el proyecto.

Llegar hasta este artefacto que recorre bajo tierra un inmenso círculo que cruza las fronteras francesas y suizas no es nada fácil. Bueno, si sois visitantes, tendréis determinado acceso. Os recomiendo que hagáis una reserva a través de su página web. La visita es completamente gratuita y dura media jornada, aunque es desaconsejable para menores de 10 años. La entrada os permitirá acceder a dos programas experimentales, entre ellos el LHC, a la fábrica de antimateria y al sincrotrón de protones. El itinerario es fijado por la organización en función de la disponibilidad de las zonas.

Pero si sois físicos acreditados, podréis llegar más allá. Y es que el CERN se parece a unas instalaciones militares de alto secreto, como en las películas de espías. Un pueblecito donde residen centenares de científicos de múltiples países: aquí fue donde se desarrolló, entre otras cosas, la WWW (World Wide Web), en 1989, el protocolo informático que ahora todos usamos para navegar por Internet mediante páginas web.

Así pues, tras cruzar los accesos exteriores, el físico de partículas que quiera llegar hasta el LHC deberá situar sus ojos delante de un escáner de pared, también como en las películas de espías. El escáner compara la red de sus vasos sanguíneos en el fondo de su globo ocular con una base de datos de las personas autorizadas para pasar. Si el acceso es concedido, entonces el físico podrá entrar a los túneles.

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