El experimento de Volta con las lenguas ácidas

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Luigi Galvani ha pasado al imaginario popular gracias a sus llamativos, casi circenses, experimentos con ranas muertas animadas gracias a descargas eléctricas. En su tiempo fueron toda una sensación. Era como la versión batracia de Frankenstein, y en riguroso directo. Estamos en 1780, y un año después fue cuando Galvani publica sus hallazgos de la electricidad animal en su libro “Comentario Sobre el Efecto de la Electricidad en el Movimiento del Músculo“.

Sin embargo, Alessandro Volta no es tan conocido por otro experimento que igualmente impresionó a su público a propósito de las consecuencias de la electricidad: el de las lenguas ácidas.

Las conclusiones sobre la “electricidad animal” de Galvani fueron generalmente aceptadas por sus colegas y otros investigadores, como Volta. No obstante, éste pronto negó la validez de las experiencias de Galvani, dando lugar a los fundamentos de la electroneurofisiología actual.

Volta descubrió que las contracciones en los músculos de la rana no eran causadas por la circulación de descargas eléctricas propias de los nervios o músculos, sino por la sensibilidad de éstos para detectar acciones eléctricas exteriores. Además observó que el efecto dependía del nervio o músculo excitado. Así, por ejemplo, observó que el contacto sobre la lengua producía una sensación de sabor ácido, pero no contracciones.

A nivel molecular, el sabor ácido es el gusto que notamos cuando nuestras papilas gustativas se abren y dejan entrar iones de hidrógeno. Ello lo demostró Volta hacia el año 1800, tal y como explica Sam Kean en La cuchara menguante:

Volta hizo que varios voluntarios formaran una cadena y cada uno pellizcara la lengua de su vecina. Luego las dos personas de los extremos tocaron con sus dedos los terminales de una batería. Al instante, a lo largo de toda la línea, los voluntarios notaron un gusto ácido en los dedos de sus vecinos.

Volta estaba acostumbrado a usar la lengua como forma de evaluar sus experimentos eléctricos, pues en aquella época no existían equipos para medir corrientes eléctricas tan bajas como las que obtenía el físico italiano. En función del calambre que notaba, finalmente lescogió el zinc y el cobre como materiales a emplear.

Debido a que el uso de una sola placa de zinc y otra de cobre proporcionaban un voltaje demasiado bajo para poder medirlo, situó una serie de discos de zinc y cobre apilados de forma alternada, separados entre sí por cartón empapado en una solución a base de agua activada con un ácido (salmuera).

Uniendo los extremos con un cable metálico, se producía una corriente eléctrica regular y continua. Había nacido la primera pila, la pila voltaica o pila de Volta (llamada pila porque las placas de zinc y cobre estaban “apiladas”). Volta informó de aquella primera batería eléctrica de la historia a la Real Sociedad de Londres en 1800.

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