-Isaac Newton encaja perfectamente en el estereotipo de científico despistado: él mismo cuenta que, en una ocasión, entró en la cuadra de la granja donde vivía arrastrando por las riendas a un caballo. Sin advertir que el caballo hacía tiempo que se había zafado. Newton también se olvidaba a menudo de comer y hasta de dormir, al menos es lo que cuentan quienes le conocieron en sus tiempos universitarios. Y es que Newton a menudo quedaba abstraído por sus reflexiones.
También se olvidaba a menudo de sus invitados cuando se ausentaba por algún motivo del salón: se dirigía a su laboratorio y no regresaba en horas.
-Vestía de forma descuidada, e incluso sucio, porque a menudo olvidaba su higiene personal.
No era raro verle sentado en cualquier camino de la universidad de Cambridge, trazando en el suelo enrevesadas figuras geométricas, mientras sus alumnos y compañeros le sorteaban, tratando de no estropear aquellos incomprensibles dibujos. Esos mismos alumnos que eludían sus clases porque, muchas veces, no eran sino indescifrables peroratas ensimismadas.

Muchos, cuando acometen la lectura de las 10 mujeres científicas más importantes de la historia, se rascan un segundo la cabeza: ¿de verdad hay tantas? Y es que la mujer no parece haber tenido un gran protagonismo científico.
A pesar de la idea oscura y tenebrosa que todos tenemos de la Edad Media, con su Inquisición o la Peste, lo cierto es que en esta época también hubo vislumbres de genio y ciencia. Por ejemplo, se inventó el botón, las gafas o los espejos. Y alrededor del año 1000, incluso nació el que sería tal vez el primer científico europeo.
John Trinkaus, de la Universidad de Nueva York, dedicó casi toda su vida a observar a la gente. Pero no se limitaba a contemplar sus actividades con ese aire ausente con el que los jubilados contemplan las obras, sino que trataba de hacerlo bajo un prisma científico.
En 1831, un eminente científico escocés llamado David Brewster fundó una asociación que alcanzaría hitos científicos incomensurables, contrario a la actitud elitista y conservadora de la Royal Society. El nombre de esta asociación fue y es la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia (BAAS, por sus siglas en inglés).
Francis Galton era un tipo extraño. Extraño y rebelde. A pesar de que este científico victoriano fue un polímata, antropólogo, geógrafo, explorador, inventor, meteorólogo, estadístico y psicólogo, también llevó a cabo estudios verdaderamente estrambóticos.
Eclipsado por otros inventos más populares o fáciles de entender, como la bombilla incandescente o el motor de combustión interna, desde Xataka Ciencia queremos reivindicar otro invento que jugó un papel igual de decisivo en la conformación de la sociedad actual: el audión.
Para quienes todavía dudan de cuán diametralmente opuestas son superstición y ciencia, vale la pena leer la siguiente reflexión del profesor de filosofía y director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, Daniel C. Dennett, autor de libros tan iluminadores como Romper el hechizo:
¿Quién no conoce a estas alturas a Carl Sagan? ¿Cuántas personas se vieron transformadas intelectualmente por su libro El mundo y sus demonios, donde demostraba que la superstición se alimentaba de temores primitivos, y contribuía a reforzarlos?