Imaginemos un universo paralelo en el que la esclavitud no se ha abolido. Un universo donde se prefiere usar mano de obra humana antes que combustibles fósiles.
¿Cuánto tendrían que trabajar nuestros esclavos para proporcionar la energía suficiente a nuestra tecnología cotidiana?
La fuerza mecánica se cuantifica en algunos países usando como medida el llamado caballo de fuerza. La expresión deriva del inglés horsepower, término acuñado por James Watt, un ingeniero que vivió en el siglo XVIII. En aquel tiempo, se empleaba el caballo como la fuerza motriz que hacía girar el cabestrante que se usaba para izar cubos cargados desde lo profundo de las minas.
Watt averiguó cuántos caballos se necesitaban para elevar un cubo lleno en un lapso determinado de tiempo: un caballo era capaz de tirar un peso con una fuerza aproximada de 80 kg, caminando una distancia total de 55 metros por minuto tirando de ese peso. Un caballo de fuerza, pues, es precisamente esa medida.
Para calcular de manera sencilla la fuerza humana en caballos de fuerza, pues, basta con atar a la cintura de una persona la cuerda de la polea, y que ésta empiece a caminar y a izar el peso de 80 kg. Como la mayoría de personas es incapaz de hacer algo así, disminuyamos el peso a una cuarta parte: 20 kg. Si alguien es capaz de izar ese peso 55 metros por minuto, su potencia sería equivalente a una cuarta parte de un caballo de fuerza. Para ser más realistas todavía, lo cierto es que una persona no podría recorrer 55 metros en menos de 2,5 minutos.

¿Os acordáis de la función de los seres humanos en la película Matrix? Sí, éramos algo así como baterías para los robots. Algo parecido se está consiguiendo con las vacas, que se han convertido en células de combustible gracias al investigador Hamid Rismani-Yazdi y sus colegas.
Poco ha durado la euforia por los agrocombustibles. Desde hace menos de un año la Unión Europea (siguiendo a lo que en EEUU se lleva haciendo algo más) se ha abrazado con cierta irresponsabilidad a lo que parecía la solución más fácil y rápida al demoníaco cambio climático, optando por una solución que en su momento era el súmun de lo políticamente correcto, pero que ahora se ha desvelado como una nefasta política (tanto ambiental como social y económicamente). La imposición de que en Europa el 10% del combustible sea agrocombustible está trayendo repercusiones a nivel mundial.
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Investigadores de la NSF (Fundación Nacional de Ciencia, de los Estados Unidos) dieron un paso importante en la creación de la llamada “gasolina verde”, un líquido idéntico a la gasolina pero creado a partir de fuentes de biomasa como álamos o panicum (un tipo de pasto perenne muy común en los Estados Unidos.) Si bien pueden pasar entre 5 y 10 años antes de que la gasolina verde llegue a los consumidores, los investigadores han logrado sobrepasar varios obstáculos presentes hasta ahora en la fabricación para que sea más fácil llevarla al mercado.
