Las ejecuciones artísticas más sublimes suelen realizarse con el piloto automático puesto, en modo zombi, sin darle demasiado al coco, dejándose llevar por el instinto y la trepidación. De igual manera, si uno le da demasiado al coco sobre el arte, sobre lo que es más o menos bello, mejor o peor, exacto o inexacto, entonces todo puede perder su sentido. Hasta el punto de que acabemos prefiriendo una foto de unos graciosos gatitos a un cuadro de Van Gogh (como os demostraré más adelante en un curioso experimento).
En política, dos personas inteligentes pueden mantener creencias diametralmente opuestas. Si esto ocurre en literatura o pintura, ¿significa que pueden coexistir posibles familias de explicaciones y exégesis acerca de una obra y que cada una de ellas puede ser igualmente rigurosa? La respuesta es que sí, aunque eso no les gusta a nada a los expertos en arte porque, entonces, todo vale, y si todo vale, ¿qué enseñamos como cierto o incierto? ¿El arte es sólo gimnasia mental para entrenar el sentido estético?
Muchas opiniones acerca del mérito artístico de una obra son el resultado del contagio arbitrario: una persona lee una reseña de un libro o una cuadro; otra la lee y escribe un comentario empleando parecidos argumentos, pues las ideas se anclan en su mente de forma inconsciente (ya decía Asimov que cualquier teoría puede defenderse con el suficiente aparato retórico). En poco tiempo, aparecen cientos de críticas que, atendiendo a su contenido, se reducen a dos o tres críticas originarias. ¿Y el hecho de que haya libros que se vendan mucho más que otros? La llamada recursividad consiste en la retroalimentación de un fenómeno mediante un número creciente de bucles; sucesos son la causa de más sucesos iguales pero de mayor entidad. Compramos un libro, básicamente, porque otros lo compran, originándose lo que en marketing se denomina “bola de nieve”.
Luego está el problema de la limitación de nuestra percepción literaria y/o artística. Uno, por mucho que lea o consuma arte, sólo asimilará una ínfima parte de la información existente. Las obras que no ha asimilado (la mayoría) pero que se consideran obras fundamentales o canónicas serán prejuzgadas con benevolencia aunque sólo sepa de ella a través de terceros. Escritores despreciados por sus coetáneos como Edgar Allan Poe o Arthur Rimbaud, ahora son adorados y de consumo obligatorio en muchos colegios. (Soy perfectamente consciente de que estas ideas resultarán indigestas para los que tengan una concepción jerárquica de la cultura artística.)
Por otro lado, asombra que muchos de los llamados expertos en arte ignoren (y hasta desdeñen) disciplinas fundamentales para el conocimiento íntimo del arte, como pueden ser la neurobiología, la psicología evolutiva o la genética. Los expertos de este tipo, cerrados en su conocimiento, me hacen el efecto de mecánicos que sólo conocen los colores con los que se pueden pintar la carrocería de un coche pero que jamás han levantado el capó para examinar el motor.
Todavía no entiendo por qué en las facultades de letras no se imparten al menos nociones sobre estas disciplinas y, de una vez, se aclara un poco la niebla conceptual que convierte la exégesis literaria en hermética y dogmática. Por ejemplo, que el florecimiento del arte en la cultura humana es un subproducto de otras tres adaptaciones biológicas: el ansia de estatus, el placer estético de experimentar con objetos y entornos adaptativos y la capacidad de diseñar artefactos para obtener los fines deseados.
Otra cuestión muy distinta es admitir que sea necesario o no, desde este punto de vista artificioso, el crear listas de libros, pinturas o esculturas mejores o peores. Porque es necesario. Esta dicotomía es socialmente imprescindible: todos los intentos de crear, por ejemplo, vestidos igualitarios y baratos han fracasado, porque el ser humano precisa de elementos diferenciadores que demuestren su grado social e intelectual frente a los demás. Si uno lee un libro considerado bueno, por ejemplo, también lo hace para demostrar que es superior a quienes no lo han leído o los que han leído un libro considerado malo.
Pero, como en todo, lo importante es conocer las reglas del juego para jugar sin radicalizar posturas, como tampoco radicalizamos posturas a la hora de dictaminar si son mejores las fichas blancas o las negras en un tablero de ajedrez. Limitémonos a mover ficha y a jugar y no nos creamos demasiado el tono grandilocuente de nuestros juicios.
Con todo, saber las reglas del juego de arte no significa que el arte pierda sentido, al igual que conocer las reglas del juego de la nutrición no significa que la gastronomía pierda sentido. Otra cosa muy distinta es que, para experimentar realmente la faceta estética del arte, no se deba uno enfrascar en disquisiciones intelectuales; al igual que hablar de nutrición durante una cena especial no consigue que esa cena sepa mejor (más bien al contrario). Por ejemplo, una prueba experimental de que, si pensamos demasiado, el arte pierde un poco su sentido, es un experimento realizado por Timothy Wilson, psicólogo de la Universidad de Virginia.
El experimento de Wilson consistió en solicitar a un grupo de universitarias que escogieran su cartel preferido. Entre los carteles disponibles estaban un paisaje de Monet, un cuadro de Van Gogh con lirios morados y tres carteles muy graciosos y muy monos de gatitos.
El grupo de universitarias se dividió en dos. El primero subgrupo debía simplemente puntuar del 1 al 9 los carteles, a ojo cubero. El segundo subgrupo, sin embargo, debía rellenar unos cuestionarios donde se les preguntaba por qué les gustaba o no cada una de las cinco opciones; y a continuación ya podían puntuar. El experimento concluía así: cada universitaria podía llevarse a su casa su cartel favorito.
El 95 % escogieron Monet o Van Gogh (algo natural si hablamos de chicas del ámbito universitario). ¿Qué pasó con las universitarias que tuvieron que justificar sus gustos en el cuestionario? Se dividieron en partes iguales entre los cuadros y los gatos divertidos. La explicación de ello la aporta el propio Wilson:
Al contemplar un cuadro de Monet, en general la mayoría de las personas tienen una reacción positiva. Al pensar por qué sienten tal o cual sensación, sin embargo, lo que les viene a la cabeza y es más fácil verbalizar quizá sea que algunos de los colores no son muy agradables y que el tema, un pajar, es bastante insulso. Como consecuencia de ello, las mujeres acabaron seleccionando los pósters graciosos de felinos, aunque sólo fuera porque éstos les permitían explicarse mejor.
Transcurrida una temporada, las universitarias seleccionadas fueron sometidas a otra entrevista en la que se les preguntó cuán satisfechas estaban con el cartel escogido para su casa. El 75 % de las que escogieron gatitos, lo lamentó. Pero nadie se arrepintió de su elección de Monet o Van Gogh.
Las mujeres que hicieron caso a sus emociones acabaron tomando decisiones mucho mejores que las que confiaron en su capacidad de razonamiento. Cuanto más pensaban en los pósters que querían, más engañosos se volvían sus pensamientos. El autoanálisis se traducía en menos conciencia de uno mismo.
Así es el arte. Visceral, emotivo, límbico. Si no fuera así, no sería arte. Pero a la hora de abordarlo en una facultad, ahora de diseccionarlo tal y como se pretende diseccionar, entonces el arte debería ser lo más parecido a la ciencia, algo que dista bastante de ser lo que está ocurriendo.
Por esa razón, si algún día nos visitaran extraterrestres inteligentes, probablemente no encontrarán nada intrínsecamente interesante en las obras de Shakespeare o en la música de Mozart. Y con toda seguridad, su expresión artística, de tenerla, en nada se parecerá a la nuestra. Pero si dichos extraterrestres han descubierto la energía nuclear y las naves espaciales, conocerán las mismas leyes que conocemos nosotros.
La física de cualquier ser inteligente de cualquier planeta del universo podría traducirse isomórficamente, punto por punto, de conjunto a punto, y de punto a conjunto, en una notación humana. Y lo mismo sucedería con una futura comprensión del arte desde el punto de vista científico, que sería catapultado a un estadio mucho más maduro (y menos acomplejado o cerrado a las evidencias científicas). Una revolución impulsada por la acumulación sistemática de conocimientos que fundamenten las bases biológicas del arte a fin de responder con mayor claridad a preguntas apremiantes del tipo:
¿Qué es arte y qué no lo es? ¿Por qué hay obras que triunfan y otras no? ¿Tiene sentido el ejercicio de la crítica tal y como la conocemos actualmente?
En conclusión: Si piensas demasiado… el arte no tiene sentido. Pero eso no significa debamos dejar de pensar cuando acudimos a una facultad para diseccionar el arte.
Vía | Cómo decidimos de Jonah Leherer | El Cisne Negro de Nassim Nicholas Taleb | Cómo funciona la mente de Steven Pinker | ¿Por qué existe el arte? | ¿Un paisaje de Monet… o unos lindos gatitos? No lo pienses demasiado
Comentarios
muy buen articulo, te luciste :)
Gran artículo, coincido con casi todo lo que comentas. El problema es que si eres arquitecto te enfrentas con las dos caras de la moneda cada día. Es bastante complicado eso de "ponerte en modo zombi", teniendo una estructura que calcular...Pero el estudio de los gatos y Monet o Van Gogh es perfecto para entender tantas cosas que suceden durante el proceso de desarrollo de un proyecto. Te puedes dejar llevar por la intuición y entrar en un mundo de verdades a medias, percepciones y tonos grises o dejarte llevar por la razón pura, el pragmatismo, el blanco y negro.
Suele suceder que aquellos que eligen la segunda opción se van con el cuadro del gato a casa....y se arrepienten. Complicado, complicado...
Muy buen artículo, muy interesante. Lo siento también si el comentario es algo largo ^^'.
Estoy contigo en que es complicado elegir a veces entre el blanco y negro o las verdades a medias, pero forma parte del juego. Ante lo simple podemos reaccionar más fácil e instintivamente y también se puede entender mejor (un caso muy claro son las estructuras, tópicos, lenguajes... de cualquier arte), pero a veces lo complicado ayuda a buscar otro punto de vista o pensar otra serie de cosas. Es lo divertido del asunto y te obliga a estar siempre atento a la hora de crear algo.
Estoy de acuerdo en que el arte es social. Al fin y al cabo es algo propio humano y es una de las cosas que nos diferencia de los animales, nuestra capacidad para relacionar y comunicar todo. Por ello no veo mal el ejercicio de crítica siempre que se haga dentro de ese plan de comunicación. Por supuesto que se crean modelos, pero estamos en lo mismo del blanco y el negro o el mundo de grises, hay que saber manejarlo.
No todo lo que hacían Shakespeare o Mozart era lo mejor, pero también es cierto que cuando empiezas a leer o escuchar cosas de su misma época (o de otras) te terminan gustando más ellos que otros. El arte al fin y al cabo ha de ser capaz de establecer relaciones entre nosotros, si no lo hace no funciona. Es un tema complicado, lo que funciona unas veces, otras no, por eso a veces puede parecer que todo vale, pero al fin y al cabo lo que cuenta es su capacidad para establecer vínculos.
Completamente de acuerdo en lo de que los artistas deberían de aprender más ciencia, y al revés. También es difícil hacer eso cuando se nos dice que hay que especializarnos cada vez más :s, pero ese es otro tema...
¡ Me alegra ver que no estoy solo !
En cuanto a los críticos, me remito a una historia veraz:
Hubo un crítico que dedicó todo un capítulo de su libro a explicar la posición de la escalera en una vivienda de un gran arquitecto. En vez de colocarla donde debía ir, por motivos obvios, la colocó en otro lado. De esta manera desafió los convencionalismos, combatió la simetría, desautorizó lo que se enseñaba, y otro largo etcétera de simpleces por el estilo. Resulta que el autor nos comentó que odiaba dónde había puesto la escalera, resulta que el cliente se empeñó en que estuviera ahí. Por más que el arquitecto le explicó y le explicó que no debía ir ahí, el cliente se empeñó, y se salió con la suya.
¡Un capítulo entero!
También se puede hablar de científicos sin escrúpulos que se inventan las cosas (recordemos los casos de la fusión fría o de la clonación de seres humanos), y esto no significa que la ciencia no valga nada. La ciencia vale mucho, a pesar de los malos científicos (y las malas revistas, y las malas prácticas, y los malos referees...), y el arte también, a pesar de los malos artistas (y de los malos críticos, y de las malas interpretaciones,...)
El arte es morirte de frío.
Desde mi punto de vista, el artículo como artículo de opinión que es, tiene gran valor, pero peca de simplista. No se pueden decir frases categóricas, como por ejemplo la primera frase, y quedarse tan ancho. El arte es un concepto muy abstracto y difícil de generalizar, debido a que se debe a un proceso muy complejo evolutivo del hombre y a que se aplica a muchas cosas. Por tanto, no puedo estar de acuerdo con todas las generalizaciones y simplificaciones que se hacen en el artículo.
En cuanto a lo de que habría que enseñar neurobiología en las escuelas de arte, pues me parece bastante absurdo. Siguiendo la analogía de los coches, si te apasiona pintar carrocerías ¿en qué te ayuda saber que el capó del coche alberga un motor de 2000 cc con 200 cv de potencia y cuatro cilindros en línea? Estarás más interesado en las propiedades reológicas de la pintura, para que la carrocería quede bien.
Discrepo un poco cuando mencionas la música. Intrínsecamente, la música tiene características matemáticas, que son las que la hacen bella. Así que tal vez, esos extraterrestres, al tener conocimientos de matemáticas (obviamente), puedan apreciar esa conjunción artística. Quién sabe, tal vez dejaría de ser arte y ser ciencia. Saludos
Si piensas demasiado... NADA tiene sentido.
Nada tiene sentido.. Nada es algo. Algo tiene sentido... la nada. XD
Un número es la respuesta entonces: 42.
Excelente post
Es bastante complicado hablar de arte, porque inevitablemente al hablar de arte se conjugan muchísimas otras cuestiones, como cuestiones neuronales, matemáticas, históricas, semióticas, sección aurea, etc. A mí, como actor, se me hace algo deliberado hablar de una manera tan simplista acerca del tema.
No hay un parámetro exacto para hablar hablar de arte. Pero si hay, por ejemplo, distintas poéticas que nos plantean lo que es arte, dependiendo también de la época en que fueron escritas. Entre éstas se encuentran poéticas de Aristóteles, Platón, Horacio, Diderot, Boal, Arteud, Vasconcelos, etc.
Precisamente estos días estuve leyendo un libro que se llama "Leer la mente" de Jorge Volpi, investigador mexicano que sacó este libro este año.
El menciona que pareciese que el único fin del arte fuera sólo el goce estético. Ya que estamos acostumbrados a que las obras de arte sean apreciadas, como tal, dependiendo de su susceptibilidad de ser compradas o vendidas, pero que su valor no depende de su utilidad, sino de la vanidad de los dueños o la codicia de sus admiradores. Eso es lo que hemos creído.
Volpi menciona que el arte no puede sino perseguir una meta más ambiciosa: ayudarnos a sobrevivir, y más aún, hacernos auténticos humanos. El arte desde los inicios del humano ha servido, por ejemplo, como una adaptación sorprendente y útil para, entre otras cosas, el tallado de hachas de sílice, la organización en clanes o la invención de la escritura. Es decir somos humanos gracias al arte.
Los mecanismos cerebrales por medio de los cuales nos acercamos a la realidad son básicamente idénticos a los que empleamos a la hora de crear o apreciar, por ejemplo, una ficción. Este mecanismo dio un insólito salto al mirarnos a nosotros mismos. Es decir, existe un "yo" que nos estructura, nos controla, nos vuelve lo que somos. Yo no soy sino una invención de mi cerebro. Mi "yo" es una fantasía de mi cerebro.
Si la ficción se parece a la vida cotidiana es porque la vida cotidiana también es una ficción.
Según algunas investigaciones, contamos con unas "neuronas espejo". Estas sorprendentes células nos hacen imitar los movimientos de animales que se atraviesan en nuestro camino "como si" (uno de los fundamentos principales de la actuación, según Stanislavsky) fuéramos nosotros.
No leemos una novela sólo para entretenernos o divertirnos sino para probarnos en otros ambientes y en especial para ser, al menos durante algunas horas o minutos, otros.
Vivir otras vidas no es sólo un juego, sino una conducta provista con sólidas ganancias evolutiva. Nos desarrolla la empatía la solidaridad. Somos un conjunto gigantesco de ideas producidas y ancladas en el cerebro: la idea del "yo". Incómodo testigo que al presenciar los hechos nos separa de ellos.
La lectura de una ficción narrativa no es tampoco placer sencillo. El cerebro se comporta frente a una novela o un cuento igual que frente al mundo, realizando millones de operaciones mentales, comparándola con patrones pre-existentes a fin de prever cada momento lo que ocurrirá a continuación. Por eso leer es tan fecundo y cansado. Es como vivir.
Enfrentarse a los desconocido revitaliza el cerebro; de allí la relevancia estética de lo incierto. Hemos sido modelados para resolver problemas, o al menos para intentarlo.
Desde tiempos remotos el arte nos acompaña, el primer homínido que imitó a un dientes de sable o un mamut inventó también, sin darse cuenta, el arte de la ficción. La primera ficción se "inaugura" , no cuando el primer humano "miente", sino cuando los demás reconocen su mentira y prefieren ignorarla.
La aparición del lenguaje nos otorgó una ventaja inédita; es la verdadera razón de que dominemos el mundo.
Dos adaptaciones evolutivas, la imitación y la cooperación han sido importantes. La capacidad de imitar, más que la tendencia reflexiva determinó nuestro ascenso como especie.
No somos más que un compendio de neuronas. No significa por fuerza que nada existe fuera de mi cerebro, sino que sólo conozco el mundo exterior tal como se presenta en mi cerebro. Gracias a lo anterior hemos perfeccionado una habilidad sin igual para imitarnos y "leer" las mentes de nuestros congéneres. Y, por encima de todo, el homo sapiens desarrolló la imaginación simbólica.
Cuando un sistema lógico se refiere a sí mismo "salta" un nivel en la cadena de abstracción. La conciencia se alza en la cima de una cadena ascendente a los niveles de abstracción. Surge gracias a la acumulación de paradojas, contaminación cotidiana entre unas ideas y otras. En especial, entre las ideas que me hago a mí mismo y las ideas que me formulo de los demás. Imposible afirmar, pues, que los recién nacidos tengan conciencia.
La ficción no es un accidente evolutivo. La ficción surge del mismo proceso que nos permite construir el mundo y concebir las ideas que tenemos de nosotros mismos y los demás. Invento mi "yo", así como los "yos" de los demás mediante un procedimiento análogo al que me permite concebir un narrador en primera persona o describir la conducta y los pensamientos de un personaje de novela en tercera persona. Mal que nos pese, todos somos ficciones. Ficciones verdaderas.
El cerebro es una máquina del futuro. A través del pasado es como dibujo las escenas del provenir. Es por eso que una buena red de referencias mejora la memoria, es por eso que surgen los símbolos. (cuestión semiótica)
¿Por qué es tan importante eso? Como decían en la película "Insection". "El peor virus es una idea" Una invención absurda, una pequeña idea ("existen razas superiores") bastó para provocar la muerte de millones. Es decir la ficción crea realidad. También hay que hacer notar que las ideas son patrimonio común, todos somos "piratas".
Es por todo lo anterior que la historia es una disciplina rigurosa más no científica. En este sentido toda ficción es historia y viceversa. No es que la historia sea falsa, sino que para cumplir sus metas necesita de la imaginación tanto como de la literatura.
La ficción nos lleva a reconocer los actos ajenos como si fueran propios. Te veo caminar, e inevitablemente, en mi cerebro, YO camino. Este registro queda en nuestro cuerpo.
No somos capaces de "leer la mente". Lo único que podemos aspirar es a leer la apariencia externa de los otros. El YO sólo se moldea a partir del contacto con los otros. Es por eso, que muy a mi pesar, efectivamente el pensar positivamente ayuda, en efecto, a ser positivo. La reiteración de la violencia sí provoca conductas violentas.
En resumen la función central del arte consiste más que en hacernos pensar, en hacernos sentir. Siempre que me confronto con otro ser humano ocurre lo mismo. Primero distingo ciertos ademanes, muecas, posturas; mis neuronas espejo se activan; repito exactamente esos mismos ademanes, muecas y posturas en mi interior, como si me pertenecieran, y al hacerlo, por fin sé lo que te pasa.
Eso es lo maravilloso del arte, que conjuga tantos elementos dentro de uno sólo. La física, la filosofía, la semiótica, las matemáticas, la historia, el manejo corporal, etc, etc.; son cuestiones que se manejan dentro del arte que la hacen tan escabrosa pero tan especial.
Disculpen, me explayé demasiado.
¿Tu crees?. ¿Es que a nosotros nos parecen interesantes sus obras por que no somos inteligentes?
Yo solo espero que no nos reconozcan por Lady Gaga o Justin Bieber como los guiris reconocen a los Españoles por Belén Esteban xDDD
Además la ciencia debería ser común en todo el cosmos, vulgar (XD XD :P), el arte por otro lado es personal, diferente de un punto al otro del cosmos. Por lo tanto, dudo que les interese mas la ciencia (la cual por otro lado debería ser mas avanzada en unos seres capaces de viajar por el espacio) que el arte humana, la cual es única y diversa incluso dentro de nuestro propio planeta.
interesante
El impresionismo y post-impresionismo es un arte primordialmente sensible, por lo que es obvio que a través de él llegues a estas conclusiones. No puedes basar un artículos, donde generalizas al arte, tomando de ejemplo solo un par de corrientes.
Si nos acercamos más al arte contemporáneo las cosas son muy diferentes y el pensar en la obra es imprescindible para apreciarla. Si tomamos en cuenta corrientes vanguardistas como el cubismo, el expresionismo, el futurismo, etc. se alejan mucho de un placer estético convencional y solo se pueden apreciar tomando en cuenta su momento histórico, la convicción y fuerza expresiva del artista.
Pero ese arte aún se puede sentir con las tripas, si hablamos del dadaísmo, el fluxus, el arte conceptual y otros tantos, el arte es inseparable de su discurso y de los paradigmas artísticos que rompieron en su momento. No puedes separar el Mingitorio de Duchamp de una explicación del porqué el artista lo usó y la reacción que produjo. Y por más que lo pienses, seguirán apreciandolo por el papel que jugó en su época. En los extremos del arte contemporáneo se requiere de un pensamiento muy elaborado, ya que en muchos casos se ha separado del todo de la estética, y hace críticas ingeniosas y lacerantes de la sociedad y de la condición humana.
Es importante ver de forma más objetiva el arte y que una fuerzas con la ciencia. Pero el arte cumple una función (entre otras) que la ciencia no siempre puede cumplir: una crítica inmediata y mordaz de la sociedad y su momento histórico, algo difícil para la ciencia que está limitada por su rigidez y dependencia de las instituciones.
No basta con saber de ciencia para hacer una crítica del arte, se tiene que tener un buen conocimiento de su historia y sus teorías. Y aunque el arte ha caído en muchos excesos, no se puede tratar como una actividad menos valiosa con respecto a la ciencia.
interesante
El arte no tiene sentido, las manifestaciones más sublimes se crean sin usar la cabeza.... ¡a la hogera el arte!.
Nuevos enemigos de xacata ciencia para la lista:
Filósofos. Religiosos. Homeópatas. Personas preocupadas ("pesimistas").
Y ahora añadimos: Artistas.
Que lastima que no este Einstein vivo para preguntarle si le parecía interesante o no interpretar las obras de Mozart. El arte está íntimamente ligado a la creatividad y la imaginación y por ende al desarrollo, la innovación y al progreso. Si existen extraterrestres que no no encuentran interesante el arte, dudo mucho que tengan la capacidad de llegar a este planeta. Nuestra capacidad de transformar la realidad a nuestro antojo, de reinterpretarla de infinitas formas es lo que ha logrado que lleguemos a donde estamos, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Prefiro una mente abstracta y creativa moderadamente inteligente a un genio automata.
Si dices que el arte no tiene sentido, entiendo ahora porque dices que Hamlet es una porquería , que Harry Potter es igual o superior a Cien años de soledad, o que el reggaeton es igual o superior al semidios de Beethoven.¡QUE VIVA LA ESTULTICIA!
No entiendo Sergio, en el enlace que doy parece que en uno de tus comentarios apoyas o tenéis como sueño una crítica científica ¿entonces?
-- editado por última vez a las 17:00
interesante
No puedo estar más en desacuerdo con lo escrito en este artículo. Debe ser fruto de mi ineptitud, pero ni tan siquiera acierto a entender lo que quiere decir con todo esto.
Me limitaré a una frase de las que componen su escrito. Es esta: "El 95 % escogieron Monet o Van Gogh (algo natural si hablamos de chicas del ámbito universitario). "
Propongo imaginarnos un grupo de 100 mujeres universarias para llevar a cabo ese singular experimento, ¿de acuerdo?.
Si el 95% escogió láminas de Monet o Van Gogh, tenemos un total de 95 mujeres.
Dice que usted que es natural porque pertenecen al ámbito universitario. ¿Insinúa entonces que las mujeres que no pertenecen a ese ámbito hubieran escogido láminas de gatitos, no resultando natural que hicieran lo contrario?
Se entiende que ese grupo de mujeres universitarias lo son (universitarias, quiero decir), porque poseen un mayor y mejor bagaje cultural y una mayor y mejor cantidad de conocimientos que aquellas que no lo son.
Por lo tanto, podemos suponer que ese conocimiento influye en todos los aspectos de su vida (incluido el de elegir una lámina) en detrimento de las razones viscerales, emotivas y límbicas que, dicho sea de paso, no son razones, lo cual entra en contradicción con lo que usted pretende explicar, es decir, que en cuestiones de arte, o de elección de láminas, resulta más beneficioso dejarse arrastrar por el instinto.
Volvamos al experimento.
Si el 95% de esas 100 mujeres escogió a los pintores, tan sólo el 5%, es decir, 5 mujeres universitarias, escogieron gatitos.
A continuación, explica usted que el 75% de las que escogieron gatitos, es decir, 3,75 mujeres universitarias, se arrepintieron de haberlo hecho; escoger láminas de gatitos.
"El 75 % de las que escogieron gatitos, lo lamentó. Pero nadie se arrepintió de su elección de Monet o Van Gogh." SIC.
¿Y por qué ha de arrepentirse nadie de escoger lo que quiere o más le gusta? Lo que pienso es que quien escoge sin pensar, no sabe lo que quiere. Es así de sencillo. Luego vienen los arrepentimientos y lo que es peor, los errores y las láminas de gatitos.
Desconozco quien es el tal Wilson, pero me parece apresurado inferir que los cuadros de Monet o Van Gogh producen en la mayoría de las personas una sensación positiva.
Lo tremendo viene después cuando usted intenta convencernos de que:
"Las mujeres que hicieron caso a sus emociones acabaron tomando decisiones mucho mejores que las que confiaron en su capacidad de razonamiento. Cuanto más pensaban en los pósters que querían, más engañosos se volvían sus pensamientos. El autoanálisis se traducía en menos conciencia de uno mismo."
"Pavennosmatao". Pido disculpas por mi expresión emotiva; ha sido sin pensar.
De modo que, tenemos a 95 mujeres que escogen láminas de Monet o Van Gogh, frente a 5 que lo hacen de gatitos. De las cinco, 3,75 se arrepienten de haberlo hecho. Y concluimos que las 95 primeras más 1,25 mujeres de las segundas escogieron por mor de su instinto y su emotividad, acertando por lo tanto en la elección.
¿Pero no nos dijo usted que es natural que escojan a los pintores por ser chicas universitarias? Si es por esa razón, es que sus conocimientos y su razonamiento, algo tiene que ver en las decisiones que toman en la vida.
No entiendo, ¿entonces sí, no, tal vez?
Lo que creo es, que sólo se pueden afirmar cosas así cuando escribimos dejándonos llevar por nuestro instinto, sin dar cabida al razonamiento más elemental.
Gracias por su trabajo.
Por supuesto que es visceral, por eso es arte. No hablen mas de arte, no entienden nada.
Pues ahora entiendo por qué hay tantos que se rebelan contra los fanáticos a la ciencia. Puede que los especialistas en arte se cierren, pero este tipo de artículos muestran un pensamiento autocomplaciente, encasillado en un criterio muy limitado.
Ya me imagino un futuro con unos gadgets impresionantes, pero con imágenes de lindos gatitos en los museos, reggaetón en las filarmónicas y Harry Potter estudiado como un clásico en las universidades (todo puede suceder).
También habría que señalar que la ciencia no está libre de críticas, a estas alturas con los problemas de contaminación, trágica situación de países en desarrollo, miedo atómico, etc. no se puede decir con total certeza que la ciencia (como derivado de la cultura occidental) sea una disciplina positiva para la humanidad.
-- editado por última vez a las 17:34
Ningun sistema tiene sentido, recuerden a Gödel. Ademas, que lindo gatito! que raza es? :D
Hey!!.. esa es mi muletilla!!.. jajaja
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