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Para explicar cualquier fenómeno biológico podemos recurrir al menos a 3 tipos de explicaciones muy diferentes entre sí, algo que ya señaló hacia el año 1940 el biólogo Julian Huxley.

Imaginad que vamos a explicar cómo funciona el corazón. El biólogo podrá dar una explicación sobre el mismo:

1 En términos de sus propiedades mecánicas (su estructura, el modo cómo funciona, los procesos fisiológicos que le hacen latir, etc.)

2 En términos de su función (lo que hace para uno, en primer lugar, bombear sangre por todo el cuerpo para transportar oxígeno desde los pulmones hasta la células individuales pero, en último término, permitir a los individuos maximizar su contribución a la reserva genética futura de sus especies.)

3 En términos de su ontogenia (la secuencia del desarrollo por el cual las células especializadas se producen por las células no especializadas del semen y el óvulo al juntarse en el momento de la concepción).

Tiempo después de la trilogía aportada por Huxley, se añadió una más:

4 En términos de su filogenia (la secuencia histórica de cambios que tuvieron lugar en un periodo de tiempo evolutivo tal, que permitió que una especie cambiara y pasara a ser otra, produciendo con ello organismos que tienen corazones a partir de otros que no los tenían.)

Estos cuatro tipos generales de explicaciones biológicas ahora se llaman los Cuatro Porqués de Tinbergen, en honor al etólogo Premio Nobel que lo expuso por detalle por primera vez.

Una explicación completa de cualquier fenómeno requiere indudablemente los cuatro tipos de respuesta. Pero esto no siempre es posible, así que tampoco es necesario que demos una respuesta a todas ellas al mismo tiempo: podemos proceder por partes, construyendo cada elemento de la historia con independencia de los demás, hasta que, al final, como si armáramos un puzzle, los volvamos a reunir todos.

Son enfoques complementarios que dependen de destrezas bien diferentes. Hoy constituyen subdisciplinas separadas dentro de la biología. La primera abarca materias como la fisiología, anatomía, psicología y muchas de las ciencias sociales; la segunda comprende disciplinas tales como la ecología de la conducta y la genética de las poblaciones; la tercera constituye la biología del desarrollo y aquellas áreas de la psicología que están interesadas en cuestiones de naturaleza/crianza; y la cuarta está formada por disciplinas como la paleontología y la taxonomía.

Con todo, muchos biólogos del desarrollo han confundido con frecuencia las explicaciones funcionales sobre la eficacia genética, con explicaciones ontogénicas, relativas a las contribuciones de la naturaleza y de la crianza.

Los psicólogos también han confundido con frecuencia explicaciones mecanicistas (por ejemplo, las relativas a motivaciones) con las funcionales (en apariencia porque interpretan por error la naturaleza “teleonómica” de las explicaciones funcionales evolutivas (“los animales se comportan siempre de modo tal que maximice su eficacia genética”) como si implicasen intencionalidad).

Vía | El miedo a la ciencia de Robin Dunbar

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