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El futuro de las drogas gracias a la biotecnología

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La biología sintética nos va a traer toda clase de maravillas, pero también nuevas formas de crimen. Por ejemplo, la biotecnología posibilita la transformación de un mundo de estupefacientes elaborados a partir de plantas a otro de drogas de origen sintético.

Por ejemplo, podrían tomarse el código genético de los ingredientes activos de la marihuana, la adormidera verde y las hojas de coca y pegarlos en levadura. Después podría programarse la levadura para que cultive los ingredientes por ti: marihuana, morfina, cocaína y heroína.

Esta clase de fabricación de drogas resulta muy interesante para las organizaciones criminales, tal y como explica Marc Goodman en su libro Los delitos del futuro:

Ya no se necesitan miles de hectáreas para cultivar adormideras verdes y coca que pueden detectar con facilidad los equipos de vigilancia aéreos. Ya no hay necesidad de pasar de contrabando por la frontera cargamentos con toneladas de heroína o cocaína fácilmente detectables. Nada que temer tampoco de los perros detectores droga. Con unos miles de millones de células de levadura por milímetro, un pequeño vial podría replicarse una y otra vez en condiciones controladas.

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Cosas sintéticas que no se obtienen en la naturaleza

No es una idea tan inverosímil o propia de la ciencia ficción si tenemos en cuenta que la bacteria E. coli ya ha sido reprogramada genéticamente para obtener THC, la sustancia activa del cannabis, y también se ha manipulado la levadura de panadero para elaborar LSD y opio. Como explica Sarah Choukah, Directora Ejecutiva de Hyasynth Bio:

Actualmente, el cultivo de marihuana médica es costoso y está fuertemente regulado. Su crecimiento es muy lento, tienes que pasar por varias cepas diferentes antes de que puedas obtener una mezcla estable. Estamos pensando en saltarnos todo eso para que su cultivo sea más rápido. Con nuestra tecnología podemos desarrollar marihuana y obtener distintas mezclas de levadura.

La cuestión es muy similar a otros esquemas para hacer que las bacterias, las algas o las levaduras fabriquen algo que no se puede hacer en la naturaleza, como vemos con la carne cultivada en el laboratorio y ciertos tipos de biocombustibles.

La apuesta, según el transhumanista Zoltan Isvan, es que, en la medida en la que conozcamos más cómo funciona el cerebro, podremos estimular zonas ligadas al placer (descargas de opiodes o dopamina), a la memoria y la cognición, e incluso ligadas a las experiencias religiosas

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