El Gobierno Galáctico de Dennis Hope (y III)

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Si lo que os interesa, sin embargo, es haceros con una porción del Sol, entonces el asunto se complica. Hope no es el único propietario en este caso. Un tal Virgiliu Pop, investigador de la Universidad de Glasgow, también tiene bajo registro el astro rey. Su acción, tal y como señala en su blog, no era otra que dejar en evidencia lo ridículas que eran las aspiraciones soberanistas de Hope.

Al parecer, Pop envió una factura a Hope en la que le reclamaba 30 millones de dólares por usar su energía. Hope, sin perder la ironía que envuelve a todo su proyecto intergaláctico, le respondió con un escueto: “Hemos decidido no hacerla servir, por favor, apáguela”.

Antes de la idea de Hope, La Luna, además de haber servido de telón de fondo para los enamorados o de inspiración para los poetas, también sufrió el ansia de posesión de otro personaje.

Aunque en teoría la Luna pertenece a todos los habitantes de la Tierra (el Instituto Internacional de Derecho Espacial está trabajando para la ONU en un documento que pretende anular todas las compras de parcelas más allá de los límites de la Tierra), el primer listillo de la historia en considerarse legalmente dueño de la misma fue el abogado Jenaro Gajardo Vera, en 1953.

La inscribió en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca tras desembolsar 42 pesos chilenos de la época, un precio bastante asequible si hablamos de un satélite de ese tamaño. Al parecer, Gajardo Vera se hizo con la Luna simplemente porque fue rechazado al formar parte de un club social de Talca.

En 1998, Gajardo Vera falleció en el balneario Rocas de Santo Domingo, lugar próximo a Santiago de Chile. Nadie reclamó entonces la propiedad del satélite, lo que nos lleva a pensar que éste no constaba en su testamento y que Gajardo Vera, en efecto, jamás tuvo la intención de hacer negocio con la Luna, al contrario que Hope.

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