Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (y III)

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En los artículos anteriores veíamos que los yanomamo varones vivían en un ambiente ultraviolento. ¿Por qué? Fundamentalmente por el déficit de mujeres. Hay menos mujeres que hombres (a pesar de que una cuarta parte de los hombres muere en combate) y, por lo tanto, los hombres deben combatir por ellas. Además, los jefes y los hombres de gran reputación acostumbran a poseer 4 y 5 esposas simultáneamente, lo cual agrava el déficit.

Como las muchachas yanomamo ya están prometidas, incluso antes de empezar a menstruar, todos los jóvenes yanomamo codician activamente las esposas de sus vecinos. Los maridos se enfurecen cuando descubren una cita, no tanto por los celos sexuales, sino porque el varón adúltero debería haber compensado al marido con regalos y servicios.

¿Por qué existe este déficit de mujeres? ¿Por qué hay tan pocas y, por tanto, resultan tan valiosas? Sencillo: los yanomamo exterminan constantemente un gran porcentaje de sus bebés de sexo femenino. Los hombres exigen que su hijo primogénito sea varón. Una selección sexual artificial que conlleva que existan 154 niños por cada 100 niñas.

Si la fuente de muchos de los problemas de los yanomamo radica en la escasez de mujeres, ¿por qué no reconvierten sus costumbres y dejan de eliminarlas sistemáticamente? La razón se debe a que los yanomamo son nómadas recalcitrantes, se desplazan a un ritmo muy superior al de otros pueblos de la selva amazónica debido a que su fuente principal de alimento son las bananas y los plátanos (plantas introducidas en el Nuevo Mundo por colonos portugueses y españoles).

El problema de los plátanos y las bananas es que son deficientes en proteínas. Antiguamente, los yanomamo obtenían sus proteínas de la caza de ciervos, osos hormigueros, armadillos, monos, cocodrilos, tortugas, serpientes y otros animales. Pero los yanomamo sufrieron una explosión demográfica debido al éxito de sus cultivos de plátanos y bananas, que incrementaron la cantidad de calorías per cápita y los animales disponibles, que fueron cazados indiscriminadamente, redujeron su población.

Los especialistas amazónicos jane y Eric Ross sugieren que las constantes fisiones y venganzas de sangre entre las aldeas yanomamo tienen su explicación en la escasez de proteínas, no en los excedentes libidinales. Estoy de acuerdo. Los yanomamo se han comido el bosque (no sus árboles, sino sus animales) y están sufriendo las consecuencias en forma de intensificación de la guerra, la traición e infanticidios, y una brutal vida sexual.

La necesidad de hombres fuertes para luchar contra otras aldeas por los escasos animales de la región es, a juicio de Marvin Harris, el verdadero motivo por el cuál se prefiere el nacimiento de hombres al de mujeres y, como efecto secundario, ello también produce una escasez de mujeres que, quizá, produzca tanta ansia como un estómago vacío.

La razón práctica y mundana para matar y descuidar sistemáticamente a más niñas que niños no puede consistir sencillamente en que los hombres obligan a las mujeres a hacerlo. Hay demasiadas oportunidades, como ilustra el ejemplo que he acabado de presentar, para eludir y burlar los deseos del hombre en esta cuestión. Más bien, la base efectiva de las prácticas de crianza de las mujeres yanomamo es su propio interés en criar más muchachos que muchachas. Este interés está arraigado en el hecho de que ya hay demasiados yanomamo en relación con su capacidad para explotar su hábitat. Una proporción mayor de hombres respecto a mujeres significa más proteínas per cápita (puesto que los hombres son los cazadores) y una tasa menor de crecimiento demográfico. También significa más guerras. Pero la guerra es el precio que pagan los yanomamo, al igual que los maring, por criar hijos cuando no pueden criar hijas. Sólo que los primeros pagan mucho más caro este privilegio, puesto que ya han degradado la capacidad de sustentación de su hábitat.

Vía | Vacas, cerdos, guerras y brujas de Marvin Harris

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